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Madrid sin luna, una noche ensombrecida de desesperanza.
En la ciudad que nunca duerme, la oscuridad parece palpable. La habitación donde se desarrolla la mayor parte de la historia es un espacio oscuro y cerrado, solo iluminado por escenas simbolistas del exterior. Es un lugar donde el peso de la opresión y la indigencia parecen abrumar a los personajes.
El director Mariano Llorente nos trae ese Madrid de finales de siglo XIX, de cafés y prostíbulos, de misas y beatería. La narrativa naturalista de Alejandro Sawa nos muestra una familia austera, pobre y sometida. El padre es un hombre que se deja llevar por la religiosidad y el temor, más que por Dios o la Iglesia.
Las mujeres en esta historia son objeto de vejación y desprecio. Se les somete a la obediencia y al silencio, sin voz ni voto. Es una sociedad donde el autoritarismo y la represión son la norma.
La actuación es angustiosa, con dramatismo y matiz necesario. Los intérpretes se manejan con la delicadeza necesaria para transmitir la angustia y la oscuridad de los personajes. Alberto Jiménez, Àstrid Janer y Roser Pujol son los encargados de llevar a vida estos personajes complejos.
La historia es dura y no duda en mostrarla. El estigma del pecado y el temor a las vidas licenciosas son temas que se abordan con fuerza. La inestabilidad social, la pobreza y la falta de libertad también son aspectos que se analizan.
La obra es una reflexión sobre un pasado que no parece nuestro, pero que siempre es nuestro. Es un recordatorio de que hay días de lluvia y nubes grises, de humo que nos irrita las retinas, de miedos e incertidumbres. Es una noche larga y ensombrecida sin luna.
En la actualidad, puede parecer que estamos volviendo a aquellos tiempos de amargura e inmoralidad. Pero ¿qué pasó con la belleza y el arte? ¿Qué pasó con las ideas que se consideraban prohibidas en su momento?
"Noche" nos devuelve lo que somos sin falsedades gratuitas. Es una noche ensombrecida, pero también es nuestra noche.
En la ciudad que nunca duerme, la oscuridad parece palpable. La habitación donde se desarrolla la mayor parte de la historia es un espacio oscuro y cerrado, solo iluminado por escenas simbolistas del exterior. Es un lugar donde el peso de la opresión y la indigencia parecen abrumar a los personajes.
El director Mariano Llorente nos trae ese Madrid de finales de siglo XIX, de cafés y prostíbulos, de misas y beatería. La narrativa naturalista de Alejandro Sawa nos muestra una familia austera, pobre y sometida. El padre es un hombre que se deja llevar por la religiosidad y el temor, más que por Dios o la Iglesia.
Las mujeres en esta historia son objeto de vejación y desprecio. Se les somete a la obediencia y al silencio, sin voz ni voto. Es una sociedad donde el autoritarismo y la represión son la norma.
La actuación es angustiosa, con dramatismo y matiz necesario. Los intérpretes se manejan con la delicadeza necesaria para transmitir la angustia y la oscuridad de los personajes. Alberto Jiménez, Àstrid Janer y Roser Pujol son los encargados de llevar a vida estos personajes complejos.
La historia es dura y no duda en mostrarla. El estigma del pecado y el temor a las vidas licenciosas son temas que se abordan con fuerza. La inestabilidad social, la pobreza y la falta de libertad también son aspectos que se analizan.
La obra es una reflexión sobre un pasado que no parece nuestro, pero que siempre es nuestro. Es un recordatorio de que hay días de lluvia y nubes grises, de humo que nos irrita las retinas, de miedos e incertidumbres. Es una noche larga y ensombrecida sin luna.
En la actualidad, puede parecer que estamos volviendo a aquellos tiempos de amargura e inmoralidad. Pero ¿qué pasó con la belleza y el arte? ¿Qué pasó con las ideas que se consideraban prohibidas en su momento?
"Noche" nos devuelve lo que somos sin falsedades gratuitas. Es una noche ensombrecida, pero también es nuestra noche.