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La filósofa Nadia Yala Kisukidi sostiene que "ser negro es la sensación de ser muy visible a la vez que hiperinvisible" porque el racismo no se limita a los insultos y las jerarquías de poder fundadas mediante mentiras, sino también en cómo la gente racializada tiene que hacer un esfuerzo para reapropiarse de su cuerpo. La negritud, la raza y la identidad son conceptos complejos que requieren una reflexión profunda.
La filósofa congoleña-francesa sostiene que hay una relación estrecha entre la disociación y el racismo. La gente racializada se siente desvinculada de su cuerpo y su identidad porque es vista como un objeto o un monstruo, no como un ser humano con deseos y emociones. Esto se refleja en cómo la sociedad nos percibe: como una especie que se ríe de nosotros.
La importancia de recuperar la utopía africana y del pensamiento decolonial es crucial en este momento en el que el sistema global jerarquiza vidas. La filósofa sostiene que hay que leer a líderes independentistas como Lumumba, filósofos como Eboussi Boulaga y escritores como Mongo Beti para comprender la complejidad de la diáspora africana.
La conversación se centra en cómo la melancolía teórica puede confundir el no-ser con el ser. La gente se obsesiona con las ruinas y la derrota, lo que impide ver los pequeños movimientos de resistencia. La filósofa defiende la reafirmación de la vida y la alegría pese a la tragedia de la historia.
En su próximo libro, Kisukidi hablará sobre el retorno constante del diáspora y cómo es una sensación hiperinvisible que puede ser abordada. La conversación también se centra en cómo la política del país y del mundo está jerarquizando vidas. La filósofa sostiene que la democracia estadounidense existe gracias a la lucha de la población negra, pero ahora está siendo desmantelada por la Administración.
En resumen, Nadia Yala Kisukidi nos hace reflexionar sobre la complejidad del racismo y la diáspora africana. Su filosofía es un llamado a recuperar nuestra fuerza y visibilizar nuestros gestos de resistencia en un mundo que jerarquiza vidas.
La filósofa congoleña-francesa sostiene que hay una relación estrecha entre la disociación y el racismo. La gente racializada se siente desvinculada de su cuerpo y su identidad porque es vista como un objeto o un monstruo, no como un ser humano con deseos y emociones. Esto se refleja en cómo la sociedad nos percibe: como una especie que se ríe de nosotros.
La importancia de recuperar la utopía africana y del pensamiento decolonial es crucial en este momento en el que el sistema global jerarquiza vidas. La filósofa sostiene que hay que leer a líderes independentistas como Lumumba, filósofos como Eboussi Boulaga y escritores como Mongo Beti para comprender la complejidad de la diáspora africana.
La conversación se centra en cómo la melancolía teórica puede confundir el no-ser con el ser. La gente se obsesiona con las ruinas y la derrota, lo que impide ver los pequeños movimientos de resistencia. La filósofa defiende la reafirmación de la vida y la alegría pese a la tragedia de la historia.
En su próximo libro, Kisukidi hablará sobre el retorno constante del diáspora y cómo es una sensación hiperinvisible que puede ser abordada. La conversación también se centra en cómo la política del país y del mundo está jerarquizando vidas. La filósofa sostiene que la democracia estadounidense existe gracias a la lucha de la población negra, pero ahora está siendo desmantelada por la Administración.
En resumen, Nadia Yala Kisukidi nos hace reflexionar sobre la complejidad del racismo y la diáspora africana. Su filosofía es un llamado a recuperar nuestra fuerza y visibilizar nuestros gestos de resistencia en un mundo que jerarquiza vidas.