TintaLatina
Well-known member
Rafael Amador, alma blusera del flamenco, ya no nos canta más. Con 65 años, su luz se apagó, dejándonos con una profunda huella y un legado inigualable en la música española.
El flamenco del sueño y de las drogas duras, que fue el espíritu de su música, es recordado por muchos como una etapa dorada. El recuerdo de sus noches con Juan El Camas, gritando "¡Un ovni! ¡Un ovni!" en el estudio mientras se grababa el disco "Guitarras callejeras", es emblemático de un tiempo en el que la fantasía y la psicodelia se entrelazaban con la música. Rafael Amador, uno de los artífices del grupo Veneno y Pata Negra, dejó una marca indeleble en la historia del flamenco.
Nacido en una familia muy flamenca, creció tocando y cantando con su hermano Raimundo Amador, el popular cantaor. La barriada de Las Tres Mil Viviendas fue su laboratorio, donde la música era un bien compartido entre los vecinos. Los sonidos contemporáneos, como el blues y el rock, se sumaron a las raíces flamencas, creando un lenguaje nuevo que marcó la diferencia en la escena musical.
El encuentro con Kiko Veneno, originario de Figueres, fue determinante en este camino. Juntos, crearon el grupo Veneno, que aunque tuvo una vida efímera, queda como uno de los grandes discos de finales del siglo XX. La revista Rockdelux lo colocó en su Top10 de música española, y Efe Eme lo incluyó en sus 100 mejores discos del pop español.
La portada original del álbum "Veneno", con una tableta de hachís, es un ejemplo de la libertad artística de Rafael Amador. Aunque fue retirada del mercado por presiones de la censura, ilustra el espíritu iconoclasta de los músicos.
Pata Negra, el proyecto que siguió a Veneno, también tuvo su momento de gloria. Con éxitos como "Camarón, Lunático" y "Pasa la vida", la banda marcó un punto de inflexión en la historia del flamenco. Rafael Amador había caído en el abismo de las drogas duras, pero aún así seguía grabando discos interesantes.
El reconocimiento de sus compañeros de la profesión musical y salir de gira con Navajita Plateá fueron los motivadores para recuperar a Rafael Amador. Aunque ya no tocaba, seguir escuchando a Camarón, Paco de Lucía y Miles Davis le inspiraban a componecer nuevas canciones hasta el final.
La música es todo para él. Demasiado tiempo ha estado sin tocar. Por eso sigue escuchando a los clásicos y compone nuevas canciones. Su legado vivo seguirá en la historia del flamenco, una huella indeleble de su alma blusera que nos dejará para siempre.
El flamenco del sueño y de las drogas duras, que fue el espíritu de su música, es recordado por muchos como una etapa dorada. El recuerdo de sus noches con Juan El Camas, gritando "¡Un ovni! ¡Un ovni!" en el estudio mientras se grababa el disco "Guitarras callejeras", es emblemático de un tiempo en el que la fantasía y la psicodelia se entrelazaban con la música. Rafael Amador, uno de los artífices del grupo Veneno y Pata Negra, dejó una marca indeleble en la historia del flamenco.
Nacido en una familia muy flamenca, creció tocando y cantando con su hermano Raimundo Amador, el popular cantaor. La barriada de Las Tres Mil Viviendas fue su laboratorio, donde la música era un bien compartido entre los vecinos. Los sonidos contemporáneos, como el blues y el rock, se sumaron a las raíces flamencas, creando un lenguaje nuevo que marcó la diferencia en la escena musical.
El encuentro con Kiko Veneno, originario de Figueres, fue determinante en este camino. Juntos, crearon el grupo Veneno, que aunque tuvo una vida efímera, queda como uno de los grandes discos de finales del siglo XX. La revista Rockdelux lo colocó en su Top10 de música española, y Efe Eme lo incluyó en sus 100 mejores discos del pop español.
La portada original del álbum "Veneno", con una tableta de hachís, es un ejemplo de la libertad artística de Rafael Amador. Aunque fue retirada del mercado por presiones de la censura, ilustra el espíritu iconoclasta de los músicos.
Pata Negra, el proyecto que siguió a Veneno, también tuvo su momento de gloria. Con éxitos como "Camarón, Lunático" y "Pasa la vida", la banda marcó un punto de inflexión en la historia del flamenco. Rafael Amador había caído en el abismo de las drogas duras, pero aún así seguía grabando discos interesantes.
El reconocimiento de sus compañeros de la profesión musical y salir de gira con Navajita Plateá fueron los motivadores para recuperar a Rafael Amador. Aunque ya no tocaba, seguir escuchando a Camarón, Paco de Lucía y Miles Davis le inspiraban a componecer nuevas canciones hasta el final.
La música es todo para él. Demasiado tiempo ha estado sin tocar. Por eso sigue escuchando a los clásicos y compone nuevas canciones. Su legado vivo seguirá en la historia del flamenco, una huella indeleble de su alma blusera que nos dejará para siempre.