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La brecha de vivienda en Róterdam es un problema que atormenta a muchas personas. Mohamed El Achkar, mayor propietario de viviendas sociales de la ciudad, tiene una visión profunda de este tema. Para él, la creciente escasez de vivienda asequible no es solo una cuestión numérica o política, sino una experiencia personal que lo ha llevado a ser un defensor incansable del valor de la vivienda social.
El Achkar recuerda cómo, con 12 años, vivía en un pequeño apartamento con su familia de siete personas. La falta de espacio y la presión por encontrar un lugar donde estudiar le hicieron sentirse expulsado de su propia vida. Fue entonces cuando decidió escribir una carta al Ayuntamiento y a la asociación de vivienda, pidiendo ayuda para cambiar su situación. Semanas después, recibió la noticia de que había viviendas sociales disponibles para su familia. "De repente, todos teníamos nuestras propias habitaciones", recuerda con emoción.
Estos momentos cambiantes han marcado el camino del mayor propietario de viviendas sociales de Róterdam. Hoy, desde la dirección de Woonstad Rotterdam, la mayor corporación de vivienda de la ciudad, defiende con firmeza el valor de la vivienda social y critica el discurso público que estigmatiza a sus inquilinos. "Casi siempre se habla de ellos en negativo, como si fueran solo casos problemáticos", subraya.
El Achkar también destaca la lista de espera de personas que buscan viviendas sociales en Róterdam, que supera los 87.000 habitantes y tiene tiempos que exceden los cinco años. El costo de construir una vivienda social es de alrededor de 350.000 euros, pero el alquiler se mantiene en torno a los 600 euros mensuales. "Si quisiéramos recuperar la inversión, tendríamos que cobrar el doble", explica, pero no lo hacen porque son una organización social sin ánimo de lucro y operan con pérdidas.
El Achkar también critica las políticas urbanísticas antiguas que redujeron el número de viviendas asequibles en favor de unidades más caras. Aunque apoya la demolición de viviendas en mal estado, insiste en que debe servir para mejorar las condiciones de vida de los residentes actuales y permitirles regresar a sus barrios.
"El 60% de los residentes de Róterdam cumplen con los requisitos para acceder a una vivienda social", subraya. "Son nuestros propios ciudadanos, ya no podemos ofrecerles una vivienda digna. Se sienten expulsados y están desesperados". La visión del mayor propietario de viviendas sociales es clara: la vivienda social no es un lastre, sino un auténtico "caldo de cultivo" de oportunidades para aquellos que necesitan una casa digna.
El Achkar recuerda cómo, con 12 años, vivía en un pequeño apartamento con su familia de siete personas. La falta de espacio y la presión por encontrar un lugar donde estudiar le hicieron sentirse expulsado de su propia vida. Fue entonces cuando decidió escribir una carta al Ayuntamiento y a la asociación de vivienda, pidiendo ayuda para cambiar su situación. Semanas después, recibió la noticia de que había viviendas sociales disponibles para su familia. "De repente, todos teníamos nuestras propias habitaciones", recuerda con emoción.
Estos momentos cambiantes han marcado el camino del mayor propietario de viviendas sociales de Róterdam. Hoy, desde la dirección de Woonstad Rotterdam, la mayor corporación de vivienda de la ciudad, defiende con firmeza el valor de la vivienda social y critica el discurso público que estigmatiza a sus inquilinos. "Casi siempre se habla de ellos en negativo, como si fueran solo casos problemáticos", subraya.
El Achkar también destaca la lista de espera de personas que buscan viviendas sociales en Róterdam, que supera los 87.000 habitantes y tiene tiempos que exceden los cinco años. El costo de construir una vivienda social es de alrededor de 350.000 euros, pero el alquiler se mantiene en torno a los 600 euros mensuales. "Si quisiéramos recuperar la inversión, tendríamos que cobrar el doble", explica, pero no lo hacen porque son una organización social sin ánimo de lucro y operan con pérdidas.
El Achkar también critica las políticas urbanísticas antiguas que redujeron el número de viviendas asequibles en favor de unidades más caras. Aunque apoya la demolición de viviendas en mal estado, insiste en que debe servir para mejorar las condiciones de vida de los residentes actuales y permitirles regresar a sus barrios.
"El 60% de los residentes de Róterdam cumplen con los requisitos para acceder a una vivienda social", subraya. "Son nuestros propios ciudadanos, ya no podemos ofrecerles una vivienda digna. Se sienten expulsados y están desesperados". La visión del mayor propietario de viviendas sociales es clara: la vivienda social no es un lastre, sino un auténtico "caldo de cultivo" de oportunidades para aquellos que necesitan una casa digna.