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Misa funeral por las víctimas del accidente de Adamuz: "La vida humana es un bien precioso"
En una emocionante misa celebrada en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Melilla, se honró el recuerdo de las 45 víctimas del trágico accidente ferroviario que ocurrió hace una semana en Adamuz, sumando también a una víctima fallecida días después en Barcelona. La ceremonia, organizada por la Vicaría Episcopal Territorial de Melilla, reunió a autoridades, religiosos y ciudadanos para un acto solemne de reflexión y solidaridad.
El vicario episcopal Eduardo Resa presidió la Eucaristía, destacando que la esperanza cristiana es el modelo de esperanza frente a la muerte. "Rompiendo las ataduras de la muerte, en su resurrección nos da a todos la prueba y la garantía, la esperanza de nuestra propia resurrección", recordó.
La gravedad de la pérdida fue abordada por Resa, quien subrayó que la vida humana es un bien precioso que debe ser valorado. "La muerte violenta nos deja con el dolor colectivo y nos hace sentir afectados a todos". La misa tuvo un doble sentido: como acto de solidaridad con los difuntos, por los heridos y sus familiares, y como momento de oración y reafirmación de la fe en un Dios Padre que otorga vida eterna.
Durante su intervención, Resa recordó las palabras del libro de las Lamentaciones, donde se describe el dolor e impotencia que genera la muerte. También citó a un escritor que expresaba su dolor y rabia ante la muerte de un joven servidor público. Sin embargo, Resa destacó que los cristianos pueden hacer algo más: mantener la esperanza y mirar hacia la unidad.
La unidad y la solidaridad fueron temas clave en la misa. "Un reino dividido, una familia dividida, no puede subsistir", recordó Resa. La respuesta de la comunidad tras la tragedia fue destacada, con la generosidad del pueblo de Adamuz, la apertura de la parroquia y del almacén de Cáritas, la colaboración de jóvenes y pasajeros, y el esfuerzo de los cuerpos de seguridad, bomberos y personal sanitario.
Resa también destacó la importancia de confiar en Dios y mantener la fe incluso en circunstancias extremas. "Dios está cerca. Dios no nos deja solos", afirmó una numeraria del Opus Dei que rezaba en el vagón durante el accidente.
La misa incluyó 46 velas encendidas, una por cada fallecido, y se pidió por los heridos para que Dios les conceda la fuerza y la recuperación, y por las familias para que encuentren consuelo y esperanza. La ceremonia cerró con un llamado a la solidaridad cristiana y a la oración como apoyo para la comunidad.
En una emocionante misa celebrada en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Melilla, se honró el recuerdo de las 45 víctimas del trágico accidente ferroviario que ocurrió hace una semana en Adamuz, sumando también a una víctima fallecida días después en Barcelona. La ceremonia, organizada por la Vicaría Episcopal Territorial de Melilla, reunió a autoridades, religiosos y ciudadanos para un acto solemne de reflexión y solidaridad.
El vicario episcopal Eduardo Resa presidió la Eucaristía, destacando que la esperanza cristiana es el modelo de esperanza frente a la muerte. "Rompiendo las ataduras de la muerte, en su resurrección nos da a todos la prueba y la garantía, la esperanza de nuestra propia resurrección", recordó.
La gravedad de la pérdida fue abordada por Resa, quien subrayó que la vida humana es un bien precioso que debe ser valorado. "La muerte violenta nos deja con el dolor colectivo y nos hace sentir afectados a todos". La misa tuvo un doble sentido: como acto de solidaridad con los difuntos, por los heridos y sus familiares, y como momento de oración y reafirmación de la fe en un Dios Padre que otorga vida eterna.
Durante su intervención, Resa recordó las palabras del libro de las Lamentaciones, donde se describe el dolor e impotencia que genera la muerte. También citó a un escritor que expresaba su dolor y rabia ante la muerte de un joven servidor público. Sin embargo, Resa destacó que los cristianos pueden hacer algo más: mantener la esperanza y mirar hacia la unidad.
La unidad y la solidaridad fueron temas clave en la misa. "Un reino dividido, una familia dividida, no puede subsistir", recordó Resa. La respuesta de la comunidad tras la tragedia fue destacada, con la generosidad del pueblo de Adamuz, la apertura de la parroquia y del almacén de Cáritas, la colaboración de jóvenes y pasajeros, y el esfuerzo de los cuerpos de seguridad, bomberos y personal sanitario.
Resa también destacó la importancia de confiar en Dios y mantener la fe incluso en circunstancias extremas. "Dios está cerca. Dios no nos deja solos", afirmó una numeraria del Opus Dei que rezaba en el vagón durante el accidente.
La misa incluyó 46 velas encendidas, una por cada fallecido, y se pidió por los heridos para que Dios les conceda la fuerza y la recuperación, y por las familias para que encuentren consuelo y esperanza. La ceremonia cerró con un llamado a la solidaridad cristiana y a la oración como apoyo para la comunidad.