PensadorDelSur
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Alfredo Fernández, un hombre de acción con más de 25 años de experiencia en la ayuda de refugiados. En su biografía, como en sus palabras, se refleja una profunda convicción: "Procura no pedir perdón". Esta actitud, que ya en sus primeros pasos lo llevó a ayudar a miles de personas que huyeron de la violencia y la persecución en África, se repite como una constante a lo largo de su trayectoria.
Con solo 19 años, Fernández decidió dejar su vida tranquila en Asturias para hacerse voluntario en África con Oenegé. Fue allí donde se formó y se preparó para el desafío que se avecinaba. En Zaire (actual República Democrática del Congo), con la ayuda de Acnur, encontró su verdadero llamado: "Viajé a Zaire como voluntario con una Oenegé. Una vez allí, a ellos les faltaba una persona con conocimientos sobre telecomunicaciones dentro del vecino conflicto en Ruanda y un amigo recomendó mi perfil", recuerda.
Una de sus primeras misiones fue montar una radio para comunicarse con la sede de la ONU en Ginebra, en el contexto del genocidio que estaba teniendo lugar contra la población tutsi. Fernández se formó en múltiples facetas y curó las grandes heridas de finales del siglo XX y el siglo XXI, de la guerra de los Balcanes al conflicto en Siria, con una clara misión: proteger y asistir a desplazados y solicitantes de asilo en cualquier rincón del planeta.
Con solo 19 años, Fernández decidió dejar su vida tranquila en Asturias para hacerse voluntario en África con Oenegé. Fue allí donde se formó y se preparó para el desafío que se avecinaba. En Zaire (actual República Democrática del Congo), con la ayuda de Acnur, encontró su verdadero llamado: "Viajé a Zaire como voluntario con una Oenegé. Una vez allí, a ellos les faltaba una persona con conocimientos sobre telecomunicaciones dentro del vecino conflicto en Ruanda y un amigo recomendó mi perfil", recuerda.
Una de sus primeras misiones fue montar una radio para comunicarse con la sede de la ONU en Ginebra, en el contexto del genocidio que estaba teniendo lugar contra la población tutsi. Fernández se formó en múltiples facetas y curó las grandes heridas de finales del siglo XX y el siglo XXI, de la guerra de los Balcanes al conflicto en Siria, con una clara misión: proteger y asistir a desplazados y solicitantes de asilo en cualquier rincón del planeta.