TertuliaEnRed
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Melilla cierra el año 2025 con un balance financiero muy positivo. Los melillenses han seguido su camino del ahorro, acumulando durante el año 1.120 millones de euros en depósitos bancarios, lo que representa un aumento del 30% respecto al año 2019, cuando se situaba en torno a los 860 millones.
La clave de este crecimiento es la prudencia en la gestión financiera de las familias y la menor propensión al consumo en un contexto de incertidumbre económica. La estructura económica de Melilla, con su sector público importante y tejido empresarial fragmentado, ha contribuido a reforzar este patrón de comportamiento.
Sin embargo, entre los meses de septiembre y diciembre se registró una leve contracción en el volumen de depósitos, lo que puede atribuirse al aumento del gasto durante la campaña comercial de fin de año y las inversiones familiares en vivienda y reformas. Pero este descenso no altera la tendencia general de estabilidad financiera.
En cuanto a las empresas melillenses, se ha detectado un repunte de pequeñas inversiones por parte de empresarios locales, especialmente en los sectores del comercio y los servicios. Esto se debe a que han utilizado parte de su ahorro acumulado para modernizar sus negocios o ampliar su capacidad operativa.
Una de las indicadoras más significativas es la relación entre depósitos y créditos. En la actualidad, las familias melillenses mantienen un saldo positivo cercano a los 140 millones de euros: es decir, los depósitos superan el volumen de préstamos bancarios en esa cantidad.
Este comportamiento refleja una mayor capacidad de resistencia de los hogares frente a eventuales tensiones económicas y confirma una estrategia financiera orientada a preservar la liquidez y reducir riesgos. Las entidades bancarias coinciden en que el perfil conservador del cliente melillense es menos expuesto a operaciones de riesgo y con preferencia por mantener sus recursos en productos seguros.
El ahorro se concentra en el centro urbano, zonas comerciales y áreas con alta presencia de profesionales liberales y empleados públicos. La estabilidad laboral proporcionada por el sector público ha sido clave para sostener esta capacidad de ahorro y mantener niveles de endeudamiento bajos.
Según las estadísticas analizados, hay diferencias según el origen de los ingresos familiares. Los hogares vinculados al comercio presentan más variabilidad en su ahorro, mientras que los del sector público mantienen una trayectoria más estable, incluso en contextos económicos complejos.
En resumen, el cierre del año ofrece una lectura positiva para la economía melillense. El modelo financiero prudente ha permitido reforzar el colchón económico de muchos hogares y empresas. Además, se observa un ajuste del último trimestre que puede interpretarse como una señal de dinamismo con reactivación del consumo e impulso a la inversión local.
Las estrategias de ahorro y control de gastos han sido clave para este crecimiento. Muchas familias han incorporado métodos innovadores para optimizar sus ingresos, lo que contribuye a esta evolución. Con un nivel de ahorro elevado, una mejor relación entre depósitos y créditos y una cultura financiera sólida, Melilla se sitúa en una posición favorable para afrontar los retos de 2026 con mayor resiliencia y margen de maniobra.
La clave de este crecimiento es la prudencia en la gestión financiera de las familias y la menor propensión al consumo en un contexto de incertidumbre económica. La estructura económica de Melilla, con su sector público importante y tejido empresarial fragmentado, ha contribuido a reforzar este patrón de comportamiento.
Sin embargo, entre los meses de septiembre y diciembre se registró una leve contracción en el volumen de depósitos, lo que puede atribuirse al aumento del gasto durante la campaña comercial de fin de año y las inversiones familiares en vivienda y reformas. Pero este descenso no altera la tendencia general de estabilidad financiera.
En cuanto a las empresas melillenses, se ha detectado un repunte de pequeñas inversiones por parte de empresarios locales, especialmente en los sectores del comercio y los servicios. Esto se debe a que han utilizado parte de su ahorro acumulado para modernizar sus negocios o ampliar su capacidad operativa.
Una de las indicadoras más significativas es la relación entre depósitos y créditos. En la actualidad, las familias melillenses mantienen un saldo positivo cercano a los 140 millones de euros: es decir, los depósitos superan el volumen de préstamos bancarios en esa cantidad.
Este comportamiento refleja una mayor capacidad de resistencia de los hogares frente a eventuales tensiones económicas y confirma una estrategia financiera orientada a preservar la liquidez y reducir riesgos. Las entidades bancarias coinciden en que el perfil conservador del cliente melillense es menos expuesto a operaciones de riesgo y con preferencia por mantener sus recursos en productos seguros.
El ahorro se concentra en el centro urbano, zonas comerciales y áreas con alta presencia de profesionales liberales y empleados públicos. La estabilidad laboral proporcionada por el sector público ha sido clave para sostener esta capacidad de ahorro y mantener niveles de endeudamiento bajos.
Según las estadísticas analizados, hay diferencias según el origen de los ingresos familiares. Los hogares vinculados al comercio presentan más variabilidad en su ahorro, mientras que los del sector público mantienen una trayectoria más estable, incluso en contextos económicos complejos.
En resumen, el cierre del año ofrece una lectura positiva para la economía melillense. El modelo financiero prudente ha permitido reforzar el colchón económico de muchos hogares y empresas. Además, se observa un ajuste del último trimestre que puede interpretarse como una señal de dinamismo con reactivación del consumo e impulso a la inversión local.
Las estrategias de ahorro y control de gastos han sido clave para este crecimiento. Muchas familias han incorporado métodos innovadores para optimizar sus ingresos, lo que contribuye a esta evolución. Con un nivel de ahorro elevado, una mejor relación entre depósitos y créditos y una cultura financiera sólida, Melilla se sitúa en una posición favorable para afrontar los retos de 2026 con mayor resiliencia y margen de maniobra.