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En Dubái, donde el lujo y la opulencia parecen ser una norma de vida, Ana Manjavacas, una joven albaceteña, ha logrado superar los clichés y encontrar una realidad más humana detrás de estas apariencias. Con solo 23 años, esta mujer se trasladó a esta ciudad del desierto hace cuatro años con la ambición de establecerse profesionalmente y vivir una experiencia única.
Ana Manjavacas llegó a Dubái casi por casualidad mientras trabajaba en una academia de idiomas en Albacete. La oportunidad se presentó cuando una compañera le ofreció un trabajo en el país, y tiempo después, Ana decidió probar suerte envíando su currículum. Consciente de que necesitaría trabajar duro para establecerse en un entorno tan competitivo, esta joven se sumergió en el proceso de adaptación, estudió y trabajó arduamente.
En este contexto, Ana encontró la oportunidad de participar en un campamento de verano para niños, donde tuvo la posibilidad de aprender idiomas junto a excelentes profesionales. Fue allí donde Ana comenzó su trayectoria laboral en ES Dubai, una empresa que le ofreció un puesto de ventas y marketing para Europa.
La joven albaceteña ha trabajado arduamente para establecerse en Dubái y ha logrado crecer tanto personal como profesionalmente. En esta ciudad cosmopolita, Ana se ha adaptado a la vida diaria, encontrando una normalidad que no está reñida con disfrutar de planes sencillos junto a amigos.
Sin embargo, tambiénAna Manjavacas tiene sus desafíos y añoranzas por su tierra natal. La distancia con Albacete es grande, y esta chica se encuentra en Dubái hace años. Echa de menos la comida, el estilo de vida y la proximidad de la familia y los amigos. A pesar de todo, Ana ha logrado crear una nueva vida alejada de las expectativas y prejuicios.
En este entorno tan diverso,Ana se ha adaptado a no cegarse por el brillo y encontrar la normalidad detrás del espejo. Dubái te enseña que las salidas buscas tú y que existen alternativas para seguir tus sueños o cumplir tus metas aunque no sea como esperabas originalmente.
Ana Manjavacas ha demostrado que el éxito no siempre va de lujo ni de atajos, sino de constancia, adaptación y trabajo diario. Desde un piso 36 con vistas al desierto y una ciudad que nunca se detiene, esta joven albaceteña persigue sus metas con los pies en la tierra y la mirada puesta en el futuro, consciente de que cada paso dado fuera de casa la ha acercado un poco más a la persona y a la profesional que siempre quiso ser.
Ana Manjavacas llegó a Dubái casi por casualidad mientras trabajaba en una academia de idiomas en Albacete. La oportunidad se presentó cuando una compañera le ofreció un trabajo en el país, y tiempo después, Ana decidió probar suerte envíando su currículum. Consciente de que necesitaría trabajar duro para establecerse en un entorno tan competitivo, esta joven se sumergió en el proceso de adaptación, estudió y trabajó arduamente.
En este contexto, Ana encontró la oportunidad de participar en un campamento de verano para niños, donde tuvo la posibilidad de aprender idiomas junto a excelentes profesionales. Fue allí donde Ana comenzó su trayectoria laboral en ES Dubai, una empresa que le ofreció un puesto de ventas y marketing para Europa.
La joven albaceteña ha trabajado arduamente para establecerse en Dubái y ha logrado crecer tanto personal como profesionalmente. En esta ciudad cosmopolita, Ana se ha adaptado a la vida diaria, encontrando una normalidad que no está reñida con disfrutar de planes sencillos junto a amigos.
Sin embargo, tambiénAna Manjavacas tiene sus desafíos y añoranzas por su tierra natal. La distancia con Albacete es grande, y esta chica se encuentra en Dubái hace años. Echa de menos la comida, el estilo de vida y la proximidad de la familia y los amigos. A pesar de todo, Ana ha logrado crear una nueva vida alejada de las expectativas y prejuicios.
En este entorno tan diverso,Ana se ha adaptado a no cegarse por el brillo y encontrar la normalidad detrás del espejo. Dubái te enseña que las salidas buscas tú y que existen alternativas para seguir tus sueños o cumplir tus metas aunque no sea como esperabas originalmente.
Ana Manjavacas ha demostrado que el éxito no siempre va de lujo ni de atajos, sino de constancia, adaptación y trabajo diario. Desde un piso 36 con vistas al desierto y una ciudad que nunca se detiene, esta joven albaceteña persigue sus metas con los pies en la tierra y la mirada puesta en el futuro, consciente de que cada paso dado fuera de casa la ha acercado un poco más a la persona y a la profesional que siempre quiso ser.