LatamVibrante
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El Ártico, el nuevo Congo boreal.
"Un lugar pequeño te cuenta el mundo", se diría con miedo y asombro al descubrir el potencial inmenso del Ártico. El continente ártico es un crisol de recursos naturales que se convierten en una guerra sin disparos entre las grandes potencias.
El italiano Marzio G. Mian, periodista explorador y experto en el Ártico, recorre estos paisajes helados para revelar la historia y la geografía detrás de este desafío global. En un viaje que lo lleva desde Canadá hasta Corea del Sur, Mian descubre una realidad compleja donde Rusia y EE UU juegan a la política, comercio y seguridad en el Ártico.
"El Ártico es la guerra sin disparos", afirma Mian. "Quién conoce Rusia y su paranoia sabe que en esta frase de Putin está todo: 'No hay Rusia sin el Ártico, y no hay Ártico sin Rusia'. Incluso las reglas disuasorias que funcionaron en la Guerra Fría, la paz gracias a la bomba atómica, no se aplican".
Rusia ve en el Ártico una amenaza, pero EE UU también. "Están allí desde el siglo XVIII", destaca Mian. Rusia tiene 40 o 45 rompehielos, y EE UU solo dos.
"La OTAN debería haber desaparecido con la URSS en 1991", añade Mian. Su misión terminó ahí. La clave es la cooperación entre Rusia y EE UU, pero también el interés de China como potencia rival.
"Un deseo de cooperación entre Rusia y EE UU", señala Mian. Putin dijo que no le sorprendía la ambición de EE UU en Groenlandia, daba luz verde. La alarma ha surgido cuando la OTAN va allí.
La guerra sin disparos se juega por el control del Ártico. Rusia y Canadá son los mayores beneficiarios del cambio climático. Rusia ya cultiva en el sur de Siberia. En Canadá hay inmobiliarias que invitan a fondos a invertir en lugares inauditos.
"Trump es negacionista del cambio climático, pero sabe que existe en el Ártico", dice Mian. Putin no es negacionista. Tiene un problema con el permafrost, se derrite y caen infraestructuras. En Rusia ha habido un desastre ambiental con minas del Ártico de níquel y cobalto.
"La estrategia de seguridad del Gobierno me parece formidable", reflexiona Mian sobre la posición del gobierno en el tema. "No como la matanza pendeja que propició Calderón".
"Un lugar pequeño te cuenta el mundo", se diría con miedo y asombro al descubrir el potencial inmenso del Ártico. El continente ártico es un crisol de recursos naturales que se convierten en una guerra sin disparos entre las grandes potencias.
El italiano Marzio G. Mian, periodista explorador y experto en el Ártico, recorre estos paisajes helados para revelar la historia y la geografía detrás de este desafío global. En un viaje que lo lleva desde Canadá hasta Corea del Sur, Mian descubre una realidad compleja donde Rusia y EE UU juegan a la política, comercio y seguridad en el Ártico.
"El Ártico es la guerra sin disparos", afirma Mian. "Quién conoce Rusia y su paranoia sabe que en esta frase de Putin está todo: 'No hay Rusia sin el Ártico, y no hay Ártico sin Rusia'. Incluso las reglas disuasorias que funcionaron en la Guerra Fría, la paz gracias a la bomba atómica, no se aplican".
Rusia ve en el Ártico una amenaza, pero EE UU también. "Están allí desde el siglo XVIII", destaca Mian. Rusia tiene 40 o 45 rompehielos, y EE UU solo dos.
"La OTAN debería haber desaparecido con la URSS en 1991", añade Mian. Su misión terminó ahí. La clave es la cooperación entre Rusia y EE UU, pero también el interés de China como potencia rival.
"Un deseo de cooperación entre Rusia y EE UU", señala Mian. Putin dijo que no le sorprendía la ambición de EE UU en Groenlandia, daba luz verde. La alarma ha surgido cuando la OTAN va allí.
La guerra sin disparos se juega por el control del Ártico. Rusia y Canadá son los mayores beneficiarios del cambio climático. Rusia ya cultiva en el sur de Siberia. En Canadá hay inmobiliarias que invitan a fondos a invertir en lugares inauditos.
"Trump es negacionista del cambio climático, pero sabe que existe en el Ártico", dice Mian. Putin no es negacionista. Tiene un problema con el permafrost, se derrite y caen infraestructuras. En Rusia ha habido un desastre ambiental con minas del Ártico de níquel y cobalto.
"La estrategia de seguridad del Gobierno me parece formidable", reflexiona Mian sobre la posición del gobierno en el tema. "No como la matanza pendeja que propició Calderón".