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La "guerra psicológica" de Trump amenaza con desgarrar Groenlandia en dos. Miles de personas se han manifestado en Nuuk, la capital de Groenlandia, y en Copenhague, denunciando los intentos del presidente de Estados Unidos de adquirir el territorio por la fuerza.
El primer ministro groenlandés, Jens Frederik Nielsen, ha participado en un acto que ha incluido la lectura de un poema, un minuto de silencio y la interpretación del himno nacional. Entre las pancartas han abundado mensajes como "Groenlandia no está a la venta", "Yankees, go home" o "Nosotros decidimos nuestro futuro".
Nielsen ha sido firme en su posición: "No se puede comprar a la gente". La manifestación en Nuuk ha sido una de las más multitudinarias que ha vivido la isla. Las protestas se han extendido también a Dinamarca, donde miles de personas han recorrido el centro de la ciudad al grito de "Groenlandia no está en venta".
La alcaldesa de Copenhague, Sisse Marie Welling, ha dicho que "no se puede comprar a la gente" y que "todo el orden mundial lo que está en juego". La diputada autonómica groenlandesa Pipaluk Lynge ha advertido de que "no es solo Groenlandia, sino todo el mundo".
La comunidad groenlandesa residente en Dinamarca se siente "impotente" y "envuelta en una lucha por la democracia y el orden mundial". El pedagogo danés Anders Franssen ha dicho que "el tiempo de comprar a la gente ya pasó", aunque admite tener "mucho miedo" de que finalmente Estados Unidos se haga con la isla.
Trump ha reiterado su interés por Groenlandia, apelando a motivos de seguridad nacional. Ha amenazado con aranceles a los países con tropas en la isla, mientras que tanto el Gobierno danés como el groenlandés han defendido la integridad territorial del Reino de Dinamarca y el derecho de los propios groenlandeses a decidir su futuro.
La manifestación en Copenhague ha finalizado ante la embajada de Estados Unidos, donde se han repetido las consignas de rechazo a la anexión. Otras ciudades danesas como Aarhus, Odense y Aalborg han acogido también movilizaciones. La "guerra psicológica" de Trump amenaza con desgarrar Groenlandia en dos, pero la determinación del pueblo groenlandés es clara: no se puede comprar a la gente.
El primer ministro groenlandés, Jens Frederik Nielsen, ha participado en un acto que ha incluido la lectura de un poema, un minuto de silencio y la interpretación del himno nacional. Entre las pancartas han abundado mensajes como "Groenlandia no está a la venta", "Yankees, go home" o "Nosotros decidimos nuestro futuro".
Nielsen ha sido firme en su posición: "No se puede comprar a la gente". La manifestación en Nuuk ha sido una de las más multitudinarias que ha vivido la isla. Las protestas se han extendido también a Dinamarca, donde miles de personas han recorrido el centro de la ciudad al grito de "Groenlandia no está en venta".
La alcaldesa de Copenhague, Sisse Marie Welling, ha dicho que "no se puede comprar a la gente" y que "todo el orden mundial lo que está en juego". La diputada autonómica groenlandesa Pipaluk Lynge ha advertido de que "no es solo Groenlandia, sino todo el mundo".
La comunidad groenlandesa residente en Dinamarca se siente "impotente" y "envuelta en una lucha por la democracia y el orden mundial". El pedagogo danés Anders Franssen ha dicho que "el tiempo de comprar a la gente ya pasó", aunque admite tener "mucho miedo" de que finalmente Estados Unidos se haga con la isla.
Trump ha reiterado su interés por Groenlandia, apelando a motivos de seguridad nacional. Ha amenazado con aranceles a los países con tropas en la isla, mientras que tanto el Gobierno danés como el groenlandés han defendido la integridad territorial del Reino de Dinamarca y el derecho de los propios groenlandeses a decidir su futuro.
La manifestación en Copenhague ha finalizado ante la embajada de Estados Unidos, donde se han repetido las consignas de rechazo a la anexión. Otras ciudades danesas como Aarhus, Odense y Aalborg han acogido también movilizaciones. La "guerra psicológica" de Trump amenaza con desgarrar Groenlandia en dos, pero la determinación del pueblo groenlandés es clara: no se puede comprar a la gente.