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"La lucha por sobrevivir: jóvenes extutelados enfrentan el abismo de la exclusión"
Más de dos décadas de dedicación de las organizaciones como Aldeas Infantiles SOS han revelado una realidad cruda: los jóvenes que salen del sistema de protección están en un colectivo con mayor riesgo de caer en la pobreza y la exclusión social. Estos chicos y chicas, que han conocido el cambio constante de centro o familia de acogida, buscan ahora una vida estable y segura. Pero la mayoría se ven obstaculizados por prejuicios y estigmas que dificultan su integración en la sociedad.
"Queremos trabajar, queremos vivir como cualquier otro joven", afirman estos jóvenes con determinación. "Pero no podemos encontrar un empleo estable, una vivienda segura... ¿cómo vamos a hacerlo cuando nadie nos da crédito?"
La situación es crítica. Alrededor de 1.400 jóvenes fueron acompañados por Aldeas Infantiles SOS en 2024, a través de programas como la autonomía, la emancipación, el empleo y los talleres profesionales. Pero detrás de estas cifras hay historias de lucha y desesperanza.
"Queremos que nos escuchen", dicen estos jóvenes. "Queremos que nos crean capaces. No somos objetos para ser protegidos... Somos personas con sueños y ambiciones". Y es ahí donde entran en juego los recursos materiales y el apoyo psicológico. Pero también es ahí donde se convierte el vínculo, la conexión humana, en un motor de transformación.
"Les ayudamos a fortalecer su confianza, su resiliencia... Les damos las herramientas para construir un futuro plenamente independiente", explican los profesionales de Aldeas Infantiles SOS. Pero parece que no basta con la ayuda. La transición hacia una vida independiente es uno de los tramos más sensibles.
"El sistema de protección ya está diseñado para fracasar a estos jóvenes", critican. "Y cuando salen, se les quita apoyo y recursos justo cuando lo necesitan. Es como si nos dejaran caer en un abismo sin escala".
Más de dos décadas de dedicación de las organizaciones como Aldeas Infantiles SOS han revelado una realidad cruda: los jóvenes que salen del sistema de protección están en un colectivo con mayor riesgo de caer en la pobreza y la exclusión social. Estos chicos y chicas, que han conocido el cambio constante de centro o familia de acogida, buscan ahora una vida estable y segura. Pero la mayoría se ven obstaculizados por prejuicios y estigmas que dificultan su integración en la sociedad.
"Queremos trabajar, queremos vivir como cualquier otro joven", afirman estos jóvenes con determinación. "Pero no podemos encontrar un empleo estable, una vivienda segura... ¿cómo vamos a hacerlo cuando nadie nos da crédito?"
La situación es crítica. Alrededor de 1.400 jóvenes fueron acompañados por Aldeas Infantiles SOS en 2024, a través de programas como la autonomía, la emancipación, el empleo y los talleres profesionales. Pero detrás de estas cifras hay historias de lucha y desesperanza.
"Queremos que nos escuchen", dicen estos jóvenes. "Queremos que nos crean capaces. No somos objetos para ser protegidos... Somos personas con sueños y ambiciones". Y es ahí donde entran en juego los recursos materiales y el apoyo psicológico. Pero también es ahí donde se convierte el vínculo, la conexión humana, en un motor de transformación.
"Les ayudamos a fortalecer su confianza, su resiliencia... Les damos las herramientas para construir un futuro plenamente independiente", explican los profesionales de Aldeas Infantiles SOS. Pero parece que no basta con la ayuda. La transición hacia una vida independiente es uno de los tramos más sensibles.
"El sistema de protección ya está diseñado para fracasar a estos jóvenes", critican. "Y cuando salen, se les quita apoyo y recursos justo cuando lo necesitan. Es como si nos dejaran caer en un abismo sin escala".