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La era de la medicina compartida se ha apoderado del sistema sanitario español. La demanda de atención médica ha aumentado, y las listas de espera se han vuelto insalvables en el sistema público. Pero ¿quién se está beneficiando de este modelo?
Las compañías aseguradoras privadas están explotando la situación para ofrecer cobertura parcial y complementaria, lo que les permite cobrar más prima con menor riesgo. En cambio, los ciudadanos deben pagar cada vez más por las pruebas diagnósticas y tratamientos en el sistema público. La lógica del mercado está arruinando la equidad y universalidad de la atención sanitaria.
Y ¿qué hay de la historia clínica? Ahora se comparte con el privado, lo que significa que el paciente que puede pagar más tiene una ventaja injusta en la búsqueda de tratamientos. La información diagnóstica privada se está utilizando para beneficiar a los clientes de las compañías aseguradoras, mientras que los demás están abandonados.
La sanidad pública se está volviendo cada vez más un lujo para aquellos que pueden pagar. La economía del mercado está creando nuevas formas de desigualdad en el acceso a la atención médica. Y ¿quién habla por los ciudadanos que no tienen las ganas ni el dinero para pagar cada vez más por sus tratamientos?
La solución no es más privatización, sino una regulación estricta de las compañías aseguradoras y un sistema público que garantice la igualdad y universalidad de la atención médica. La medicina compartida debe ser una herramienta para beneficiar a todos los ciudadanos, no solo a aquellos que pueden pagar más.
Las compañías aseguradoras privadas están explotando la situación para ofrecer cobertura parcial y complementaria, lo que les permite cobrar más prima con menor riesgo. En cambio, los ciudadanos deben pagar cada vez más por las pruebas diagnósticas y tratamientos en el sistema público. La lógica del mercado está arruinando la equidad y universalidad de la atención sanitaria.
Y ¿qué hay de la historia clínica? Ahora se comparte con el privado, lo que significa que el paciente que puede pagar más tiene una ventaja injusta en la búsqueda de tratamientos. La información diagnóstica privada se está utilizando para beneficiar a los clientes de las compañías aseguradoras, mientras que los demás están abandonados.
La sanidad pública se está volviendo cada vez más un lujo para aquellos que pueden pagar. La economía del mercado está creando nuevas formas de desigualdad en el acceso a la atención médica. Y ¿quién habla por los ciudadanos que no tienen las ganas ni el dinero para pagar cada vez más por sus tratamientos?
La solución no es más privatización, sino una regulación estricta de las compañías aseguradoras y un sistema público que garantice la igualdad y universalidad de la atención médica. La medicina compartida debe ser una herramienta para beneficiar a todos los ciudadanos, no solo a aquellos que pueden pagar más.