LatinoConectadoX
Well-known member
Una jubilada de 71 años, sin temor a la edad, se plantó frente a una moto y sacó el carnet. Linda Pilbeam, madre y abuela, había estado pensando en hacerlo durante mucho tiempo, pero nunca lo había hecho. Ahora, después de una época de dudas y miedo, había tomado la decisión de aprovechar su vida para seguir adelante.
La chispa que le vino a ella fue cuando su hija anunció que se presentaría al examen para obtener el carnet de moto. Linda, con orgullo materno, prometió acompañarla, pero no imaginó que su palabra quedaría en el aire y que su hija aprobaría a la primera. Su primer día de prácticas fue un momento de duda para ella, pero también le dio la oportunidad de demostrar a sí misma que aún podía aprender algo desde cero.
En la autoescuela, Linda se sintió comprendida desde el principio. No necesitaba un curso estándar, sino uno personalizado que respetara sus ritmos y desmontara sus temores sin prisa. Aprender a montar en moto no era una carrera, sino un proceso. Y con Linda, el proceso sería tan importante como el resultado.
Unos meses después, Linda había hecho suya una Kawasaki Z650 rebajada y había ganado seguridad. Ella recordaba que lo que más le gustaba de la experiencia no era la técnica, sino que nunca fue tratada como la alumna mayor, sino como una motera más. Su marido y amigos menos comprensivos, que inicialmente pensaron que estaba haciendo esto por un capricho, se dieron cuenta de su determinación.
En casa, la sorpresa fue mayúscula cuando Linda le contó a su esposo que había sacado el carnet. Nunca imaginó que compartiría esta afición con él. Pero Linda tenía la respuesta perfecta: "¿Para qué? Pues para mí". Hoy, sale a rodar de vez en cuando, disfruta del simple gesto de ponerse el casco y ha vuelto a encontrar su curiosidad, autoestima y la sensación de que aún quedan primeras veces por vivir.
La historia de Linda ha encendido una chispa inesperada: su nieta Maize también se ha apuntado a aprender a montar en moto. Esto muestra que no hay edad que marque el límite para sacarse el carnet de moto. Lo complicado no es el examen, sino atreverse. Una vez que Linda dio el paso, todo lo demás fue cuestión de seguir avanzando.
La chispa que le vino a ella fue cuando su hija anunció que se presentaría al examen para obtener el carnet de moto. Linda, con orgullo materno, prometió acompañarla, pero no imaginó que su palabra quedaría en el aire y que su hija aprobaría a la primera. Su primer día de prácticas fue un momento de duda para ella, pero también le dio la oportunidad de demostrar a sí misma que aún podía aprender algo desde cero.
En la autoescuela, Linda se sintió comprendida desde el principio. No necesitaba un curso estándar, sino uno personalizado que respetara sus ritmos y desmontara sus temores sin prisa. Aprender a montar en moto no era una carrera, sino un proceso. Y con Linda, el proceso sería tan importante como el resultado.
Unos meses después, Linda había hecho suya una Kawasaki Z650 rebajada y había ganado seguridad. Ella recordaba que lo que más le gustaba de la experiencia no era la técnica, sino que nunca fue tratada como la alumna mayor, sino como una motera más. Su marido y amigos menos comprensivos, que inicialmente pensaron que estaba haciendo esto por un capricho, se dieron cuenta de su determinación.
En casa, la sorpresa fue mayúscula cuando Linda le contó a su esposo que había sacado el carnet. Nunca imaginó que compartiría esta afición con él. Pero Linda tenía la respuesta perfecta: "¿Para qué? Pues para mí". Hoy, sale a rodar de vez en cuando, disfruta del simple gesto de ponerse el casco y ha vuelto a encontrar su curiosidad, autoestima y la sensación de que aún quedan primeras veces por vivir.
La historia de Linda ha encendido una chispa inesperada: su nieta Maize también se ha apuntado a aprender a montar en moto. Esto muestra que no hay edad que marque el límite para sacarse el carnet de moto. Lo complicado no es el examen, sino atreverse. Una vez que Linda dio el paso, todo lo demás fue cuestión de seguir avanzando.