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Un sistema ferroviario en colapso, sin una sola causa. Detrás de la crisis que vive Rodalies, una red de ferrocarriles catalana, se acumulan años de falta de inversión, una infraestructura especialmente vulnerable y un conflicto laboral que lleva tiempo latente.
La realidad es que la red de ferrocarriles catalana arrastra dos décadas de falta de inversión, lo que hace que la infraestructura sea muy vulnerable, aún más en momentos de climatología adversa. El responsable de la infraestructura, Adif, está renovando y realizando obras en muchos puntos, lo que añade presión al servicio.
La coincidencia de todos estos factores ha terminado por poner al límite el sistema y ha obligado a adoptar medidas excepcionales, como la reducción de la circulación o la suspensión de líneas estratégicas. Estas son las claves que ayudan a entender por qué el servicio ha vuelto a colapsar.
Una red vulnerable es la primera clave. La realidad es que la infraestructura de Rodalies arrastra dos décadas de falta de inversión, lo que hace que sea especialmente vulnerable. A una infraestructura en malas condiciones se suma una semana de intensas lluvias, en la que el terreno acumula agua y provoca un cambio en el comportamiento de los terrenos y de las infraestructuras.
El tren circula en algunos tramos por una orografía complicada. Los maquinistas consideran peligrosos, en momentos de meteorología adversa, tramos vulnerables como túneles antiguos, trincheras o zonas con riesgo de desprendimientos. Además, la red de ferrocarriles catalana arrastra problemas de coordinación entre Adif y Renfe, que es el titular del servicio.
El conflicto laboral es otro factor clave. Los maquinistas de Rodalies y el principal sindicato que los representa, el Semaf, mantienen un conflicto laboral por el traspaso del servicio a la Generalitat. Temen perder condiciones consolidadas como el salario, la antigüedad, la movilidad laboral dentro del Estado o la cobertura de los convenios actuales de Renfe.
En resumen, el caos ferroviario registrado en Rodalies no tiene una sola causa ni responde a un episodio puntual. Detrás de las incidencias se acumulan años de falta de inversión, una infraestructura especialmente vulnerable, la meteorología adversa y un conflicto laboral que lleva tiempo latente.
La realidad es que la red de ferrocarriles catalana arrastra dos décadas de falta de inversión, lo que hace que la infraestructura sea muy vulnerable, aún más en momentos de climatología adversa. El responsable de la infraestructura, Adif, está renovando y realizando obras en muchos puntos, lo que añade presión al servicio.
La coincidencia de todos estos factores ha terminado por poner al límite el sistema y ha obligado a adoptar medidas excepcionales, como la reducción de la circulación o la suspensión de líneas estratégicas. Estas son las claves que ayudan a entender por qué el servicio ha vuelto a colapsar.
Una red vulnerable es la primera clave. La realidad es que la infraestructura de Rodalies arrastra dos décadas de falta de inversión, lo que hace que sea especialmente vulnerable. A una infraestructura en malas condiciones se suma una semana de intensas lluvias, en la que el terreno acumula agua y provoca un cambio en el comportamiento de los terrenos y de las infraestructuras.
El tren circula en algunos tramos por una orografía complicada. Los maquinistas consideran peligrosos, en momentos de meteorología adversa, tramos vulnerables como túneles antiguos, trincheras o zonas con riesgo de desprendimientos. Además, la red de ferrocarriles catalana arrastra problemas de coordinación entre Adif y Renfe, que es el titular del servicio.
El conflicto laboral es otro factor clave. Los maquinistas de Rodalies y el principal sindicato que los representa, el Semaf, mantienen un conflicto laboral por el traspaso del servicio a la Generalitat. Temen perder condiciones consolidadas como el salario, la antigüedad, la movilidad laboral dentro del Estado o la cobertura de los convenios actuales de Renfe.
En resumen, el caos ferroviario registrado en Rodalies no tiene una sola causa ni responde a un episodio puntual. Detrás de las incidencias se acumulan años de falta de inversión, una infraestructura especialmente vulnerable, la meteorología adversa y un conflicto laboral que lleva tiempo latente.