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La recuperación tras un ictus es un camino muy difícil, especialmente cuando la sociedad no está dispuesta a invertir en recursos públicos. La mayoría de los que han sufrido este trágico evento recuerdan cómo todo cambió radicalmente después del accidente y cómo su vida nunca volvió a ser la misma.
"El primer año es el más difícil", afirma Sonia, quien sufrió un ictus hemorrágico en 2017. Pasó 33 días en coma y sufría secuelas graves que le impedían moverse o hablar. Su familia y amigos estaban muy contentos de verla despertar, pero ella no podía comprender lo que estaba sucediendo.
"Cuando me desperté, no entendía nada", recuerda. "No podía hablar, no podía moverme, solo podía balancearme en la cama". Su rehabilitación en el CEADAC se interrumpió debido a la pandemia, lo que la obligó a buscar ayuda privada.
A pesar de todo, Sonia ha logrado superarse y ahora se siente muy orgullosa de su vida. Ha encontrado un nuevo propósito en ayudar a otros que sufren una situación similar. "Me he reinventado por completo", apunta.
Otro paciente que ha pasado por un ictus es Íñigo, quien sufrió un episodio hemorrágico en 2017 y fue rescatado gracias a una técnica reciente llamada trombectomía mecánica. Afortunadamente, pudo rehabilitarse con rapidez y ahora realiza una importante labor como divulgador sobre el ictus.
"La vida no vuelve a ser la misma", dice Íñigo. "Pero hay que aceptar lo que te ha pasado y enfocarte en lo que puedes hacer". También destaca la importancia de la coordinación entre los profesionales y la disponibilidad de recursos públicos.
"La cadena de intervenciones del ictus está muy bien montada", reconoce Íñigo. "Cuando llamas al 112, saben qué hospitales están de guardia y te derivan directamente a la planta específica". Sin embargo, los pacientes valoran que esta situación cambie radicalmente pasada la fase aguda.
"La gente se pierde por el camino", lamenta Sonia. "Los medios públicos disponibles para los tratamientos rehabilitantes son pobres y muchos no tienen acceso a ellos".
Íñigo destaca la importancia de la investigación y la conciencia sobre el ictus. "Es hora de que hablemos más sobre esto", dice. "Hay vida después del ictus, pero es hora de que seamos más conscientes y trabajemos juntos para mejorar la situación".
Las historias de Sonia y Íñigo nos enseñan que superar un ictus requiere mucha determinación y resiliencia. Sin embargo, también nos muestran la importancia de invertir en recursos públicos y en la conciencia sobre este tema.
"El primer año es el más difícil", afirma Sonia, quien sufrió un ictus hemorrágico en 2017. Pasó 33 días en coma y sufría secuelas graves que le impedían moverse o hablar. Su familia y amigos estaban muy contentos de verla despertar, pero ella no podía comprender lo que estaba sucediendo.
"Cuando me desperté, no entendía nada", recuerda. "No podía hablar, no podía moverme, solo podía balancearme en la cama". Su rehabilitación en el CEADAC se interrumpió debido a la pandemia, lo que la obligó a buscar ayuda privada.
A pesar de todo, Sonia ha logrado superarse y ahora se siente muy orgullosa de su vida. Ha encontrado un nuevo propósito en ayudar a otros que sufren una situación similar. "Me he reinventado por completo", apunta.
Otro paciente que ha pasado por un ictus es Íñigo, quien sufrió un episodio hemorrágico en 2017 y fue rescatado gracias a una técnica reciente llamada trombectomía mecánica. Afortunadamente, pudo rehabilitarse con rapidez y ahora realiza una importante labor como divulgador sobre el ictus.
"La vida no vuelve a ser la misma", dice Íñigo. "Pero hay que aceptar lo que te ha pasado y enfocarte en lo que puedes hacer". También destaca la importancia de la coordinación entre los profesionales y la disponibilidad de recursos públicos.
"La cadena de intervenciones del ictus está muy bien montada", reconoce Íñigo. "Cuando llamas al 112, saben qué hospitales están de guardia y te derivan directamente a la planta específica". Sin embargo, los pacientes valoran que esta situación cambie radicalmente pasada la fase aguda.
"La gente se pierde por el camino", lamenta Sonia. "Los medios públicos disponibles para los tratamientos rehabilitantes son pobres y muchos no tienen acceso a ellos".
Íñigo destaca la importancia de la investigación y la conciencia sobre el ictus. "Es hora de que hablemos más sobre esto", dice. "Hay vida después del ictus, pero es hora de que seamos más conscientes y trabajemos juntos para mejorar la situación".
Las historias de Sonia y Íñigo nos enseñan que superar un ictus requiere mucha determinación y resiliencia. Sin embargo, también nos muestran la importancia de invertir en recursos públicos y en la conciencia sobre este tema.