La explotación laboral y las falsificaciones están más unidas que nunca. Según el informe de la OCDE y la EUIPO, estos dos fenómenos están estrechamente ligados y se refuerzan mutuamente.
La producción de bienes falsificados es un negocio millonario que supone el 2,3% del comercio mundial, pero su origen está en la explotación laboral. Los investigadores han encontrado una correlación significativa entre una menor protección del salario mínimo y niveles más altos de actividad falsificadora.
La mayoría de los productos falsificados se fabrican en países como China, Hong Kong, Turquía, Singapur y Emiratos Árabes Unidos, donde las condiciones laborales son precarias y la explotación es común. Los sectores más afectados son el textil, la ropa y el calzado, donde los grupos criminales recurren a talleres clandestinos para tareas como coser logotipos falsos en prendas y zapatillas.
Pero no solo se trata de la explotación laboral en países desarrollados. También hay casos de explotación infantil y laboral peligrosa en China, donde los niños trabajan largas horas en condiciones precarias para producir productos falsificados.
El informe también menciona iniciativas como la Ley de Prevención del Trabajo Forzoso Uigur aprobada en Estados Unidos en 2022, que prohíbe las importaciones vinculadas a la región china de Xinjiang. En esa zona, la ONU acusa desde hace años a Pekín de reprimir a la minoría uigur, de mayoría musulmana.
En resumen, la explotación laboral y las falsificaciones están más unidas que nunca. Es hora de que los gobiernos y las organizaciones internacionales tomen medidas para erradicar estos fenómenos y proteger los derechos de los trabajadores.
La producción de bienes falsificados es un negocio millonario que supone el 2,3% del comercio mundial, pero su origen está en la explotación laboral. Los investigadores han encontrado una correlación significativa entre una menor protección del salario mínimo y niveles más altos de actividad falsificadora.
La mayoría de los productos falsificados se fabrican en países como China, Hong Kong, Turquía, Singapur y Emiratos Árabes Unidos, donde las condiciones laborales son precarias y la explotación es común. Los sectores más afectados son el textil, la ropa y el calzado, donde los grupos criminales recurren a talleres clandestinos para tareas como coser logotipos falsos en prendas y zapatillas.
Pero no solo se trata de la explotación laboral en países desarrollados. También hay casos de explotación infantil y laboral peligrosa en China, donde los niños trabajan largas horas en condiciones precarias para producir productos falsificados.
El informe también menciona iniciativas como la Ley de Prevención del Trabajo Forzoso Uigur aprobada en Estados Unidos en 2022, que prohíbe las importaciones vinculadas a la región china de Xinjiang. En esa zona, la ONU acusa desde hace años a Pekín de reprimir a la minoría uigur, de mayoría musulmana.
En resumen, la explotación laboral y las falsificaciones están más unidas que nunca. Es hora de que los gobiernos y las organizaciones internacionales tomen medidas para erradicar estos fenómenos y proteger los derechos de los trabajadores.