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La inmigración en España se ha convertido en una cuestión estructural que no puede ignorarse. Los datos del año pasado muestran un aumento en la proporción de nuevos activos con nacionalidad extranjera o doble nacionalidad, llegando al 80% en 2025. Esto ha llevado a un desplazamiento de la mano de obra nativa hacia ocupaciones de mayor valor añadido, donde los salarios son más altos.
En el último trienio, las ocupaciones de directivos y gerentes, técnicos y profesionales científicos y técnicos y profesionales de apoyo han visto un crecimiento intenso entre los españoles. Por otro lado, en el resto de categorías laborales, especialmente las "elementales", se ha observado una disminución en la cantidad de ocupados españoles, lo que a su vez ha llevado al aumento del empleo con mano de obra extranjera.
Aunque el efecto de la inmigración en el mercado laboral es complejo y multifacético, algunos datos sugieren que hay una causalidad entre el crecimiento de la inmigración y el desplazamiento de la mano de obra nativa hacia ocupaciones de mayor valor añadido. Además, la inmigración ha podido dinamizar la cadena de suministros en sectores como la logística, transporte y servicios administrativos.
Sin embargo, la inmigración por sí sola no resuelve los principales retos estructurales que enfrenta la economía española, como la baja productividad, la debilidad de los salarios y la estrecha base de financiación de las pensiones. La integración efectiva de la población extranjera y el perfil competencial resultante son fundamentales para aprovechar los beneficios de la inmigración.
En este sentido, es necesario adoptar una política más selectiva y un esfuerzo de integración como la que promete la regularización. La hostelería, comercio y construcción han sido sectores donde ha aumentado la proporción de empleos con mano de obra extranjera en los últimos años. En cambio, el sector agrícola ha visto una disminución del empleo total pero un aumento en la cantidad de extranjeros.
En el último trienio, las ocupaciones de directivos y gerentes, técnicos y profesionales científicos y técnicos y profesionales de apoyo han visto un crecimiento intenso entre los españoles. Por otro lado, en el resto de categorías laborales, especialmente las "elementales", se ha observado una disminución en la cantidad de ocupados españoles, lo que a su vez ha llevado al aumento del empleo con mano de obra extranjera.
Aunque el efecto de la inmigración en el mercado laboral es complejo y multifacético, algunos datos sugieren que hay una causalidad entre el crecimiento de la inmigración y el desplazamiento de la mano de obra nativa hacia ocupaciones de mayor valor añadido. Además, la inmigración ha podido dinamizar la cadena de suministros en sectores como la logística, transporte y servicios administrativos.
Sin embargo, la inmigración por sí sola no resuelve los principales retos estructurales que enfrenta la economía española, como la baja productividad, la debilidad de los salarios y la estrecha base de financiación de las pensiones. La integración efectiva de la población extranjera y el perfil competencial resultante son fundamentales para aprovechar los beneficios de la inmigración.
En este sentido, es necesario adoptar una política más selectiva y un esfuerzo de integración como la que promete la regularización. La hostelería, comercio y construcción han sido sectores donde ha aumentado la proporción de empleos con mano de obra extranjera en los últimos años. En cambio, el sector agrícola ha visto una disminución del empleo total pero un aumento en la cantidad de extranjeros.