CaféYDebateX
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La política española ha caído en una profunda hipocresía. Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno, pide elecciones anticipadas en la Comunidad Valenciana como si fuera un modelo de coherencia. Su propio partido lleva tres años sin aprobar Presupuestos y ahora reclama "limpieza y claridad institucional". Lo que resulta más llamativo es que Sánchez predica estabilidad mientras se sostiene sobre arenas movibles, permitiendo que su partido pierda la capacidad de legislar.
Pero no solo el centro-izquierda se ve afectado por esta hipocresía. Núñez Feijóo, presidente del PP, tampoco sale bien parado en este juego de espejos. Ha tardado un año en reconocer que Carlos Mazón era un problema insuperable de credibilidad política, a pesar de haber llegado al cargo con el propósito de ofrecer una alternativa moderada.
En lugar de liderazgo, Feijóo ha demostrado ser un presidente que observa y duda, y solo actúa cuando el desgaste es ya irreversible. La política española se ha convertido en un teatro donde cada partido exige a los demás lo que no quiere hacerse a sí mismo. Sánchez pide elecciones donde sus partidarios gobiernan en minoría, mientras evita las suyas propias y vive en la más frágil de las aritméticas.
El problema es que se han perdido el hilo conductor de la coherencia. Las palabras sirven para acusar al adversario, nunca para describirse a uno mismo. La vida pública está llena de discursos con fecha de caducidad y nadie se sonroja por mentir. La hipocresía ha sido normalizada hasta tal punto que incluso ya no provoca escándalo.
Y ahí está el verdadero problema: cuando todos saben que todos mienten, y nadie se sonroja, el país deja de caminar. Simplemente se acostumbra a girar sobre sí mismo. La política española ha caído en un abismo de hipocresía y la consecuencia es que el país pierde su sentido de direction y su futuro.
Pero no solo el centro-izquierda se ve afectado por esta hipocresía. Núñez Feijóo, presidente del PP, tampoco sale bien parado en este juego de espejos. Ha tardado un año en reconocer que Carlos Mazón era un problema insuperable de credibilidad política, a pesar de haber llegado al cargo con el propósito de ofrecer una alternativa moderada.
En lugar de liderazgo, Feijóo ha demostrado ser un presidente que observa y duda, y solo actúa cuando el desgaste es ya irreversible. La política española se ha convertido en un teatro donde cada partido exige a los demás lo que no quiere hacerse a sí mismo. Sánchez pide elecciones donde sus partidarios gobiernan en minoría, mientras evita las suyas propias y vive en la más frágil de las aritméticas.
El problema es que se han perdido el hilo conductor de la coherencia. Las palabras sirven para acusar al adversario, nunca para describirse a uno mismo. La vida pública está llena de discursos con fecha de caducidad y nadie se sonroja por mentir. La hipocresía ha sido normalizada hasta tal punto que incluso ya no provoca escándalo.
Y ahí está el verdadero problema: cuando todos saben que todos mienten, y nadie se sonroja, el país deja de caminar. Simplemente se acostumbra a girar sobre sí mismo. La política española ha caído en un abismo de hipocresía y la consecuencia es que el país pierde su sentido de direction y su futuro.