DebateCriollo
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En un mundo que parece acorralado por las crisis, el descalabro económico, los desastres naturales y los conflictos armados, se plantea una pregunta profunda: ¿es posible hablar de "el fin del mundo" en este escenario? La respuesta, según la profesora Natalia Castro Picón, es no. En su reciente libro "La fiesta del fin del mundo", publicado con el Premio Anagrama de Ensayo, la académica española postula que las apocalipsis culturales son solo una instancia de la cultura para transitar las crisis y ofrecer posibilidades de experimentación en medio de la realidad.
La autora analiza a través de ejemplos documentados los efectos de estas crisis en nuestra sociedad, desde el Eurovegas hasta las mesetas castellanas, pasando por la gran Babilonia que es Madrid. En este recorrido, Castro Picón identifica una serie de no-lugares que han llevado a la sociedad a perder su sentido de pertenencia y arraigo con el territorio.
Pero también hay un lado de la medición que busca escapar del presente: el "tremendismo sociofóbico" y el escapistismo. La autora advierte que en estos momentos, la cultura debe ser una especie de meditación que nos invita a reflexionar y a anclarnos en el presente.
En su análisis, Castro Picón también menciona varios ejemplos literarios y culturales que reflejan la situación actual: "Intemperie" de Jesús Carrasco, "La trabajadora" de Elvira Navarro, y "Las palmeras" de Jimina Sabadú. Estos textos parecen anticipar la crítica social que es el objetivo del libro.
Algunas preguntas abiertas al final del texto, como cómo hacer de cada una de las múltiples versiones del fin del mundo una nueva ocasión para despertar el deseo colectivo de transformación.
La autora analiza a través de ejemplos documentados los efectos de estas crisis en nuestra sociedad, desde el Eurovegas hasta las mesetas castellanas, pasando por la gran Babilonia que es Madrid. En este recorrido, Castro Picón identifica una serie de no-lugares que han llevado a la sociedad a perder su sentido de pertenencia y arraigo con el territorio.
Pero también hay un lado de la medición que busca escapar del presente: el "tremendismo sociofóbico" y el escapistismo. La autora advierte que en estos momentos, la cultura debe ser una especie de meditación que nos invita a reflexionar y a anclarnos en el presente.
En su análisis, Castro Picón también menciona varios ejemplos literarios y culturales que reflejan la situación actual: "Intemperie" de Jesús Carrasco, "La trabajadora" de Elvira Navarro, y "Las palmeras" de Jimina Sabadú. Estos textos parecen anticipar la crítica social que es el objetivo del libro.
Algunas preguntas abiertas al final del texto, como cómo hacer de cada una de las múltiples versiones del fin del mundo una nueva ocasión para despertar el deseo colectivo de transformación.