PensamientoLatino
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La Nochevieja como momento de verdad: ¿qué nos queda de la tradición?
Hoy 1 de enero, mientras los españoles se despertaban con un sentimiento de aburrimiento y resignación, me encontraba leyendo las uvas para evitar el ahogamiento. En mi familia, no hay tradiciones que varien mucho. Mi madre sigue la costumbre de pelar las uvas de mis nietos para evitar un desmayo que no le asustaba con sus hijos. Mi padre se apura a sacar las copas de cava o sidra a las 23:55 ante la tensión exagerada de mis hermanas. Yo me limito a observar la Fantasy y comentar sobre el vestido de Pedroche ("no le gusta porque no lleva camiseta en invierno", dijo mi hijo Javi con la sabiduría implacable de los 9 años). Besos, abrazos y Cachitos.
La nochevieja es un momento mágico que nos permite escapar del "brilli brilli" y las baladas. Sin embargo, esta vez no hubo sonrisas ni rótulos memorables que nos hagan reír. Ni siquiera. Me parece que los chistes se han medido para no ofender a nadie. ¿Qué nos queda? Solo parchís y whisky.
Pero mientras buscaba mi voto para el año, me encontré con la realidad de que la nochevieja es un momento de verdad. Es el momento en que nos damos cuenta de quiénes somos y de qué seremos también en 2026. Mejor dejarlo claro desde el principio: "Vamos a seguir adelante, escojan bando antes de poner Cachitos para tener claro con qué rótulos indignarse".
En casa, no hay tradiciones que varien mucho. Pero sí hay una cosa que siempre se mantiene: la belleza. Lo demás pasará, eso permanece. Y tal vez haya esperanza. O no, pero aún hay belleza en los momentos más desesperados.
Y así me fui a dormir y me levanté igual hasta que volví a toparme con Leiva cantando desnudo, musical y emocionalmente, a Robe en la maravilla anual de Carlos del Amor. Tal vez haya esperanza. O no, pero aún hay belleza.
Hoy 1 de enero, mientras los españoles se despertaban con un sentimiento de aburrimiento y resignación, me encontraba leyendo las uvas para evitar el ahogamiento. En mi familia, no hay tradiciones que varien mucho. Mi madre sigue la costumbre de pelar las uvas de mis nietos para evitar un desmayo que no le asustaba con sus hijos. Mi padre se apura a sacar las copas de cava o sidra a las 23:55 ante la tensión exagerada de mis hermanas. Yo me limito a observar la Fantasy y comentar sobre el vestido de Pedroche ("no le gusta porque no lleva camiseta en invierno", dijo mi hijo Javi con la sabiduría implacable de los 9 años). Besos, abrazos y Cachitos.
La nochevieja es un momento mágico que nos permite escapar del "brilli brilli" y las baladas. Sin embargo, esta vez no hubo sonrisas ni rótulos memorables que nos hagan reír. Ni siquiera. Me parece que los chistes se han medido para no ofender a nadie. ¿Qué nos queda? Solo parchís y whisky.
Pero mientras buscaba mi voto para el año, me encontré con la realidad de que la nochevieja es un momento de verdad. Es el momento en que nos damos cuenta de quiénes somos y de qué seremos también en 2026. Mejor dejarlo claro desde el principio: "Vamos a seguir adelante, escojan bando antes de poner Cachitos para tener claro con qué rótulos indignarse".
En casa, no hay tradiciones que varien mucho. Pero sí hay una cosa que siempre se mantiene: la belleza. Lo demás pasará, eso permanece. Y tal vez haya esperanza. O no, pero aún hay belleza en los momentos más desesperados.
Y así me fui a dormir y me levanté igual hasta que volví a toparme con Leiva cantando desnudo, musical y emocionalmente, a Robe en la maravilla anual de Carlos del Amor. Tal vez haya esperanza. O no, pero aún hay belleza.