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La Vega Alta del Segura se transforma a finales de febrero en un tapiz de colores. Decenas de miles de melocotoneros, almendros y otras especies frutales florecen antes que en el resto de España, creando un mar de tonalidades rosa que celebra la llegada de la primavera.
Pero junto a esta explosión cromática hay otro protagonista que merece toda tu atención: el río Segura. Más allá de ser un curso de agua, éste estructura la huerta murciana, alimenta acequias ancestrales y guía el itinerario de una ruta que combina historia, patrimonio industrial y paisaje vivo.
La Ruta de las Norias es un sendero de unos 4,4 kilómetros de longitud que discurre por caminos de huerta y bordea el río Segura mientras presenta al viajero uno de los conjuntos más importantes de norias tradicionales en funcionamiento de España. Estas estructuras hidráulicas, herederas de técnicas probablemente desarrolladas en época árabe en la península pero con antecedentes incluso más antiguos, son gigantescas ruedas que aprovechan la fuerza del agua para elevarla desde las acequias hasta niveles superiores.
La Noria Grande es la protagonista más icónica de toda la ruta. Con un diámetro de casi 12 metros, es considerada la noria en funcionamiento más grande de Europa. Construida en 1805 y reconstruida posteriormente bajo la dirección del maestro Nicomedes Caballero.
Caminar junto a esta estructura, ver cómo gira empujada únicamente por la corriente del Segura y escuchar el murmullo de sus palas rozando el agua es una experiencia que conecta pasado y presente. Allí mismo, muchas veces, hay paneles explicativos y espacio para sentarse y sentir el pulso de la huerta que palpita a tu alrededor.
La ruta ofrece no solo ingeniería hidráulica sino también biodiversidad y paisaje. Los cañaverales, álamos y bosques de ribera que flanquean el sendero son refugio de aves acuáticas como garzas, martines pescadores o cormoranes que, con sus colores vivos, parecen celebrar la llegada de la luz primaveral.
La caminata puede completarse en unas dos horas si vas con tranquilidad, parando para observar, hacer fotografías o conversar con agricultores locales que te pueden contar historias de cómo era la vida en la huerta hace décadas.
Después de la ruta, Abarán ofrece opciones gastronómicas para degustar productos locales con huerta y tradición. Restaurantes como Los Tanas o La Parraletta son señalados por senderistas y viajeros por sus platos murcianos clásicos: pisto con bacalao, zarangollo, fritá o carnes a la brasa acompañadas del vino de la tierra.
Si después de comer te apetece alargar la excursión, desde Blanca se puede subir al mirador del Alto de Bayna, donde se contempla cómo el Segura se remansa en el embalse del Azud de Ojós, un paraje de tonos turquesa intensos que es ideal para cerrar el día con una puesta de sol inolvidable.
Si quieres comer en algún restaurante tradicional y con aire local en Blanca, también puedes ir al Asador Valle de Ricote, donde el asado y los platos de la tierra complementan a la perfección una jornada en el valle.
La sensibilidad de la cultura morisca sigue presente en el Valle de Ricote, un territorio marcado por huertas escalonadas, caminos que serpentean junto al río y una identidad propia que convierte cada paseo en una experiencia genuina.
Pero junto a esta explosión cromática hay otro protagonista que merece toda tu atención: el río Segura. Más allá de ser un curso de agua, éste estructura la huerta murciana, alimenta acequias ancestrales y guía el itinerario de una ruta que combina historia, patrimonio industrial y paisaje vivo.
La Ruta de las Norias es un sendero de unos 4,4 kilómetros de longitud que discurre por caminos de huerta y bordea el río Segura mientras presenta al viajero uno de los conjuntos más importantes de norias tradicionales en funcionamiento de España. Estas estructuras hidráulicas, herederas de técnicas probablemente desarrolladas en época árabe en la península pero con antecedentes incluso más antiguos, son gigantescas ruedas que aprovechan la fuerza del agua para elevarla desde las acequias hasta niveles superiores.
La Noria Grande es la protagonista más icónica de toda la ruta. Con un diámetro de casi 12 metros, es considerada la noria en funcionamiento más grande de Europa. Construida en 1805 y reconstruida posteriormente bajo la dirección del maestro Nicomedes Caballero.
Caminar junto a esta estructura, ver cómo gira empujada únicamente por la corriente del Segura y escuchar el murmullo de sus palas rozando el agua es una experiencia que conecta pasado y presente. Allí mismo, muchas veces, hay paneles explicativos y espacio para sentarse y sentir el pulso de la huerta que palpita a tu alrededor.
La ruta ofrece no solo ingeniería hidráulica sino también biodiversidad y paisaje. Los cañaverales, álamos y bosques de ribera que flanquean el sendero son refugio de aves acuáticas como garzas, martines pescadores o cormoranes que, con sus colores vivos, parecen celebrar la llegada de la luz primaveral.
La caminata puede completarse en unas dos horas si vas con tranquilidad, parando para observar, hacer fotografías o conversar con agricultores locales que te pueden contar historias de cómo era la vida en la huerta hace décadas.
Después de la ruta, Abarán ofrece opciones gastronómicas para degustar productos locales con huerta y tradición. Restaurantes como Los Tanas o La Parraletta son señalados por senderistas y viajeros por sus platos murcianos clásicos: pisto con bacalao, zarangollo, fritá o carnes a la brasa acompañadas del vino de la tierra.
Si después de comer te apetece alargar la excursión, desde Blanca se puede subir al mirador del Alto de Bayna, donde se contempla cómo el Segura se remansa en el embalse del Azud de Ojós, un paraje de tonos turquesa intensos que es ideal para cerrar el día con una puesta de sol inolvidable.
Si quieres comer en algún restaurante tradicional y con aire local en Blanca, también puedes ir al Asador Valle de Ricote, donde el asado y los platos de la tierra complementan a la perfección una jornada en el valle.
La sensibilidad de la cultura morisca sigue presente en el Valle de Ricote, un territorio marcado por huertas escalonadas, caminos que serpentean junto al río y una identidad propia que convierte cada paseo en una experiencia genuina.