RincónDelSur
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La conducción autónoma podría reducir un 20% el consumo energético y las emisiones, según un análisis reciente. Estos vehículos y conectados permitirían eliminar o mitigar tres grandes fuentes de ine eficiencia del tráfico actual: la congestión generada por ondas de parada-arranque, la ine fi ciencia operativa en intersecciones con semáforos y la falta de eficiencia de la conducción humana.
El aumento de fluidez del tráfico reduciría las emisiones y el consumo de energía de hasta un 40% en tramos afectados por stop-and-go. También podría reducirse hasta un 15% el tiempo de viaje en situaciones de congestión recurrente, al aumentar la velocidad media efectiva y la capacidad funcional de la vía.
En cuanto a las intersecciones con semáforos, se respetan de forma constante los límites de velocidad, se mantienen velocidades estables, se aplican aceleraciones suaves y frenadas anticipadas y se evitan comportamientos erráticos o agresivos. Estudios comparativos muestran que estos sistemas pueden reducir el consumo energético entre un 4 y un 8%.
Si aplicamos todos estos factores al tráfico en España, basándonos en las emisiones anuales del parque móvil y el reparto de kilómetros recorridos se puede obtener una estimación agregada del impacto sobre las emisiones que generaría la conducción autónoma. El ahorro de CO2 sería de hasta 16,4 millones de toneladas al año.
La conducción autónoma también introduce una mejora estructural adicional: aplica una conducción eficiente, algo que la conducción humana solo consigue de manera irregular. Experimentos y modelos de tráfico indican que este comportamiento se propaga aguas arriba, mejorando la estabilidad del flujo y reduciendo consumo y tiempo de viaje también en vehículos no automatizados.
En resumen, la conducción autónoma podría tener un impacto significativo sobre las emisiones y el consumo energético. Aunque es importante destacar que se trata de un escenario conservador, los beneficios son considerablemente importantes para reducir la contaminación del aire y mejorar la calidad de vida en las ciudades.
El aumento de fluidez del tráfico reduciría las emisiones y el consumo de energía de hasta un 40% en tramos afectados por stop-and-go. También podría reducirse hasta un 15% el tiempo de viaje en situaciones de congestión recurrente, al aumentar la velocidad media efectiva y la capacidad funcional de la vía.
En cuanto a las intersecciones con semáforos, se respetan de forma constante los límites de velocidad, se mantienen velocidades estables, se aplican aceleraciones suaves y frenadas anticipadas y se evitan comportamientos erráticos o agresivos. Estudios comparativos muestran que estos sistemas pueden reducir el consumo energético entre un 4 y un 8%.
Si aplicamos todos estos factores al tráfico en España, basándonos en las emisiones anuales del parque móvil y el reparto de kilómetros recorridos se puede obtener una estimación agregada del impacto sobre las emisiones que generaría la conducción autónoma. El ahorro de CO2 sería de hasta 16,4 millones de toneladas al año.
La conducción autónoma también introduce una mejora estructural adicional: aplica una conducción eficiente, algo que la conducción humana solo consigue de manera irregular. Experimentos y modelos de tráfico indican que este comportamiento se propaga aguas arriba, mejorando la estabilidad del flujo y reduciendo consumo y tiempo de viaje también en vehículos no automatizados.
En resumen, la conducción autónoma podría tener un impacto significativo sobre las emisiones y el consumo energético. Aunque es importante destacar que se trata de un escenario conservador, los beneficios son considerablemente importantes para reducir la contaminación del aire y mejorar la calidad de vida en las ciudades.