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Costa Rica, en estado de excepción: ¿El comienzo del fin de la democracia?
La propuesta central de Rodrigo Chaves, el presidente costarriceno que busca un segundo mandato tras una campaña electoral marcada por ataques a la oposición y acusaciones de corrupción, es la "bukelización" del país. Según Chaves, se trata de concentrar poder en manos del Estado para combatir el crimen organizado y restaurar el orden. Pero detrás de esta propuesta hay un mensaje más oscuro: la disolución de las garantías constitucionales, la suspensión de los derechos humanos y la imposición de una dictadura del terrorismo.
El modelo Bukele, que Chaves quiere implementar en Costa Rica, se basa en el control total del Estado, sin distinción entre políticos, jueces o ciudadanos. El único objetivo es mantener el poder y la seguridad ciudadana a cualquier precio. Pero este modelo no tiene cabida en un país como Costa Rica, cuya historia ha sido marcada por la lucha por la democracia y la justicia.
Costa Rica fue siempre un referente de libertad y respeto al voto popular. Desde la creación del Código del Trabajo y la seguridad social por el presidente Calderón Guardia, hasta la nacionalización de la banca y los seguros por Figueres, el país ha sido un modelo de desarrollo democrático. La alternancia en el gobierno, la separación de poderes y la no concentración del poder en manos de una élite han sido siempre las piedras angulares de su sistema político.
Pero hoy, bajo el mandato de Chaves, se está produciendo un cambio radical en este sentido. El presidente ataca a los jueces, magistrados y fiscales que no se ajustan a su visionaria política, acusándolos de ser responsables de la "dictadura del crimen organizado". También suspende los derechos constitucionales, como el derecho a un juicio justo y transparente.
Y ahora, Chaves quiere que Costa Rica se convierta en una copia exacta de El Salvador, donde el modelo Bukele ha causado una catástrofe humanitaria. La megacárcel de 40.000 prisioneros es un símbolo de esta política represiva. Y ahora, Chaves quiere que Costa Rica se unifique con él, sin distinción entre políticos o ciudadanos.
El voto popular de los costarricenses será determinante para decidir si se va a bukelizar el país o no. Pero la pregunta es, ¿qué está consintiendo el pueblo al votar por Chaves? ¿Es que están dispuestos a sacrificar su libertad y sus derechos humanos por un mayor orden y seguridad ciudadana? La respuesta solo lo conocerán ellos.
En cualquier caso, el futuro de Costa Rica depende de las elecciones que se llevarán a cabo este domingo. Si la mayoría de los votantes decide seguir adelante con esta política represiva, la bukelización del país estará asegurada. Pero si hay una oposición fuerte y un cambio en el voto popular, puede haber esperanza para restaurar la democracia y la justicia en Costa Rica.
El tiempo lo dirá. Pero una cosa es segura: la libertad y la dignidad de los costarricenses no pueden ser sacrificadas por un mayor orden.
La propuesta central de Rodrigo Chaves, el presidente costarriceno que busca un segundo mandato tras una campaña electoral marcada por ataques a la oposición y acusaciones de corrupción, es la "bukelización" del país. Según Chaves, se trata de concentrar poder en manos del Estado para combatir el crimen organizado y restaurar el orden. Pero detrás de esta propuesta hay un mensaje más oscuro: la disolución de las garantías constitucionales, la suspensión de los derechos humanos y la imposición de una dictadura del terrorismo.
El modelo Bukele, que Chaves quiere implementar en Costa Rica, se basa en el control total del Estado, sin distinción entre políticos, jueces o ciudadanos. El único objetivo es mantener el poder y la seguridad ciudadana a cualquier precio. Pero este modelo no tiene cabida en un país como Costa Rica, cuya historia ha sido marcada por la lucha por la democracia y la justicia.
Costa Rica fue siempre un referente de libertad y respeto al voto popular. Desde la creación del Código del Trabajo y la seguridad social por el presidente Calderón Guardia, hasta la nacionalización de la banca y los seguros por Figueres, el país ha sido un modelo de desarrollo democrático. La alternancia en el gobierno, la separación de poderes y la no concentración del poder en manos de una élite han sido siempre las piedras angulares de su sistema político.
Pero hoy, bajo el mandato de Chaves, se está produciendo un cambio radical en este sentido. El presidente ataca a los jueces, magistrados y fiscales que no se ajustan a su visionaria política, acusándolos de ser responsables de la "dictadura del crimen organizado". También suspende los derechos constitucionales, como el derecho a un juicio justo y transparente.
Y ahora, Chaves quiere que Costa Rica se convierta en una copia exacta de El Salvador, donde el modelo Bukele ha causado una catástrofe humanitaria. La megacárcel de 40.000 prisioneros es un símbolo de esta política represiva. Y ahora, Chaves quiere que Costa Rica se unifique con él, sin distinción entre políticos o ciudadanos.
El voto popular de los costarricenses será determinante para decidir si se va a bukelizar el país o no. Pero la pregunta es, ¿qué está consintiendo el pueblo al votar por Chaves? ¿Es que están dispuestos a sacrificar su libertad y sus derechos humanos por un mayor orden y seguridad ciudadana? La respuesta solo lo conocerán ellos.
En cualquier caso, el futuro de Costa Rica depende de las elecciones que se llevarán a cabo este domingo. Si la mayoría de los votantes decide seguir adelante con esta política represiva, la bukelización del país estará asegurada. Pero si hay una oposición fuerte y un cambio en el voto popular, puede haber esperanza para restaurar la democracia y la justicia en Costa Rica.
El tiempo lo dirá. Pero una cosa es segura: la libertad y la dignidad de los costarricenses no pueden ser sacrificadas por un mayor orden.