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El hombro: el secreto de nuestra libertad y estabilidad.
La articulación del hombro es una obra maestra de la ingeniería humana. Capaz de lanzar un bate de béisbol a 160 kilómetros por hora, o rascar la espalda cuando nos pica, pero sin estabilidad. La postura de nuestro día a día es uno de los mayores peligros para el hombro, especialmente la postura encorvada propia de la era digital, que tensa y acorta los pectorales y trapecio superior.
La glenohumeral, la articulación esférica que da al hombro su gran movilidad, es la reina de las lesiones. La estabilidad no la da el hueso, sino el conjunto de músculos, tendones y ligamentos. El famoso manguito rotador, un conjunto de cuatro pequeños músculos que mantienen la cabeza del húmero centrada en el cuenco de la escápula, protegido por el labrum.
La lesión más común es el síndrome de pinzamiento subacromial, responsable de hasta el 65% de todos los dolores de hombro. Es esa sensación de dolor agudo al levantar el brazo, al vestirse o al intentar alcanzar algo en un estante alto. Se debe la compresión mecánica de los tendones, especialmente del supraespinoso, contra el acromion.
Pero esta compresión es solo el principio. La tendinopatía del manguito rotador ocurre cuando se degenera el colágeno en los tendones por sobreuso o, si hay más estrés, se puede llegar a la rotura del tendón. Curiosamente, no todas las roturas duelen.
La buena noticia es que la inmensa mayoría de las lesiones de hombro, incluso muchas roturas tendinosas, pueden resolverse sin cirugía. La fisioterapia centrada en fortalecer los músculos del hombro de forma excéntrica y reeducar los músculos escapulares da muy buenos resultados para el tratamiento y la prevención.
No se merece que nos acordemos de él solo cuando duele. El hombro es ese pieza que nos permite lanzar una pelota, colocar libros en una estantería o dar un abrazo.
La articulación del hombro es una obra maestra de la ingeniería humana. Capaz de lanzar un bate de béisbol a 160 kilómetros por hora, o rascar la espalda cuando nos pica, pero sin estabilidad. La postura de nuestro día a día es uno de los mayores peligros para el hombro, especialmente la postura encorvada propia de la era digital, que tensa y acorta los pectorales y trapecio superior.
La glenohumeral, la articulación esférica que da al hombro su gran movilidad, es la reina de las lesiones. La estabilidad no la da el hueso, sino el conjunto de músculos, tendones y ligamentos. El famoso manguito rotador, un conjunto de cuatro pequeños músculos que mantienen la cabeza del húmero centrada en el cuenco de la escápula, protegido por el labrum.
La lesión más común es el síndrome de pinzamiento subacromial, responsable de hasta el 65% de todos los dolores de hombro. Es esa sensación de dolor agudo al levantar el brazo, al vestirse o al intentar alcanzar algo en un estante alto. Se debe la compresión mecánica de los tendones, especialmente del supraespinoso, contra el acromion.
Pero esta compresión es solo el principio. La tendinopatía del manguito rotador ocurre cuando se degenera el colágeno en los tendones por sobreuso o, si hay más estrés, se puede llegar a la rotura del tendón. Curiosamente, no todas las roturas duelen.
La buena noticia es que la inmensa mayoría de las lesiones de hombro, incluso muchas roturas tendinosas, pueden resolverse sin cirugía. La fisioterapia centrada en fortalecer los músculos del hombro de forma excéntrica y reeducar los músculos escapulares da muy buenos resultados para el tratamiento y la prevención.
No se merece que nos acordemos de él solo cuando duele. El hombro es ese pieza que nos permite lanzar una pelota, colocar libros en una estantería o dar un abrazo.