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Joachim Trier, director de "Valor sentimental", enfatiza que lo radical y la perturbación en la actualidad son el cinismo, el distanciamiento y la racionalización excesiva, algo por el cual siente una profunda desilusión. En su última película, ahora nominada a los Premios Oscar, Trier aborda la ternura como un tema político que busca reconectar con la humanidad después de una década de cinismo y distanciamiento.
Para Trier, la ternura es una obligación moral en este momento, un deber ser positivo que busca revolucionar nuestra forma de abordar el mundo. En su película, dos hermanas se reencuentran con sus padres después de la muerte de su madre y la forma como se abordan sus conflictos es a través del silencio, no de palabras.
El director noruego también destaca que ha pasado tiempo buscando esta conexión y que, al ser padre, se siente obligado a adoptar una postura política contra el cinismo y la racionalización excesiva. La película, según Trier, puede ser un mecanismo para enfrentar desafíos y dificultades, integrar sensaciones estancadas y conectar con otras personas.
Trier también destaca que su inspiración proviene de autores como Yasuhiro Ozu, Resnais, Terrence Malick y Pedro Almodóvar. Su estilo se debe a la influencia de estos directores y el cine de la tradición teatral moderna.
En un giro inesperado, Trier menciona que su película está construida sobre los rostros de sus actores, quienes todos son nominados a los premios de Hollywood. El director destaca que lo más interesante siempre es filmar el silencio y que la reconciliación debe darse a través de la acción, porque en este territorio un largo parlamento en el guion no sirve para nada.
Trier también bromea sobre la facilidad con la que los críticos desenfundan a Ingmar Bergman delante de cada una de sus películas. Aunque admite que su inspiración es más deudora de autores como Ozu, Resnais y Malick que de Bergman.
Finalmente, Trier destaca que vive un momento en el que la reconciliación es obligatoria moral y que es un deber ser positivo, algo por lo cual se siente agradecido con el éxito inesperado que su película está teniendo en todo el mundo.
Para Trier, la ternura es una obligación moral en este momento, un deber ser positivo que busca revolucionar nuestra forma de abordar el mundo. En su película, dos hermanas se reencuentran con sus padres después de la muerte de su madre y la forma como se abordan sus conflictos es a través del silencio, no de palabras.
El director noruego también destaca que ha pasado tiempo buscando esta conexión y que, al ser padre, se siente obligado a adoptar una postura política contra el cinismo y la racionalización excesiva. La película, según Trier, puede ser un mecanismo para enfrentar desafíos y dificultades, integrar sensaciones estancadas y conectar con otras personas.
Trier también destaca que su inspiración proviene de autores como Yasuhiro Ozu, Resnais, Terrence Malick y Pedro Almodóvar. Su estilo se debe a la influencia de estos directores y el cine de la tradición teatral moderna.
En un giro inesperado, Trier menciona que su película está construida sobre los rostros de sus actores, quienes todos son nominados a los premios de Hollywood. El director destaca que lo más interesante siempre es filmar el silencio y que la reconciliación debe darse a través de la acción, porque en este territorio un largo parlamento en el guion no sirve para nada.
Trier también bromea sobre la facilidad con la que los críticos desenfundan a Ingmar Bergman delante de cada una de sus películas. Aunque admite que su inspiración es más deudora de autores como Ozu, Resnais y Malick que de Bergman.
Finalmente, Trier destaca que vive un momento en el que la reconciliación es obligatoria moral y que es un deber ser positivo, algo por lo cual se siente agradecido con el éxito inesperado que su película está teniendo en todo el mundo.