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Para despegar objetos unidos durante mucho tiempo, la clave son el tiempo, la paciencia y recursos. Como primera opción, se recomienda aplicar calor a las superficies adhesivas. El calor, como el cariño, suaviza, calma y obliga a trabajar la memoria. Cualquier cosa tiene recuerdos, incluso daños graves que pueden ser perdonados si no son demasiado profundos. Sin embargo, algunas sustancias no admiten una terapia tan amable; en estos casos, es mejor raspar, remojar o aplicar frío para endurecer la materia y que aparezca el olvido, un olvido siempre quebradizo.
Pero, como en cualquier remedio, hay riesgos de que queden indelibles testigos del error o la falta. En algunos casos, se pueden utilizar soluciones más contundentes como vinagre, alcohol o acetona. La acetona es un disolvente fuerte que obliga a cerrar los ojos y está demostrada su efectividad. Sin embargo, hay un problema mayor: uno de los dos elementos pegados puede desaparecer si no se administra con cuidado.
La acetona puede eliminar lo que entorpece, pero también puede dañar lo que queremos guardar. La dosificación incorrecta puede reducir a la nada lo que antes era digno del respeto y la admiración. Es importante recordar que muchas de nuestras posesiones son más que objetos: son parte de nosotros.
Quizás, en algunos casos, sea imposible separar dos cosas unidas durante tanto tiempo. Quizás el esfuerzo por mantenerlas separadas sea solo una forma artificial de evitar lo inevitable. Quizás sea mejor reconocer que estábamos equivocados y que lo noble y perfecto no era tan sublime como pensábamos. Tal vez, en algunos casos, lo justo es dejarlo estar y sustituir las cosas viejas por nuevas.
Pero, como en cualquier remedio, hay riesgos de que queden indelibles testigos del error o la falta. En algunos casos, se pueden utilizar soluciones más contundentes como vinagre, alcohol o acetona. La acetona es un disolvente fuerte que obliga a cerrar los ojos y está demostrada su efectividad. Sin embargo, hay un problema mayor: uno de los dos elementos pegados puede desaparecer si no se administra con cuidado.
La acetona puede eliminar lo que entorpece, pero también puede dañar lo que queremos guardar. La dosificación incorrecta puede reducir a la nada lo que antes era digno del respeto y la admiración. Es importante recordar que muchas de nuestras posesiones son más que objetos: son parte de nosotros.
Quizás, en algunos casos, sea imposible separar dos cosas unidas durante tanto tiempo. Quizás el esfuerzo por mantenerlas separadas sea solo una forma artificial de evitar lo inevitable. Quizás sea mejor reconocer que estábamos equivocados y que lo noble y perfecto no era tan sublime como pensábamos. Tal vez, en algunos casos, lo justo es dejarlo estar y sustituir las cosas viejas por nuevas.