"La crueldad humana: ¿por qué nosotros somos capaces de ser tan brutales?"
La Real Academia Española define la palabra crueldad como "inhumanidad, fiereza de ánimo, impiedad" o "acción cruel e inhumana". Pero ¿qué hace que esta definición sea tan precisa en el caso del ser humano?
Gabriel Rolón, un reconocido psicoanalista argentino y escritor, analiza este tema en su libro "El hombre en busca de sentido", que narra sus experiencias vividas en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.
"Somos una especie evolucionada, pero sin embargo, tenemos algunas características complejas que nos llevan a diferenciarnos, quizás no para bien, de otros seres que ante el ojo humano se llegan a definir como salvajes", comienza explicando Rolón.
" Ningún león juega con la cebra que ha capturado solo para verla sufrir. No, la mata en cuanto puede, listo, tiene que alimentarse, es parte de su naturaleza", ejemplifica Rolón, pero la cosa cambia en los humanos. "Nosotros sí somos capaces de hacer sufrir a alguien solo por hacerlo sufrir. Nosotros, la especie humana, hemos inventado los campos de concentración, la tortura; hemos inventado la desigualdad, hemos inventado la injusticia social", añade.
Esta complejidad es la que hace cuestionarse a los humanos qué es realmente lo bueno o lo malo, qué es ético o menos ético. Todo ello conduce a las personas a la confusión, a no comprender desde qué lugar hay que partir para actuar en el bien, para no llegar a hacer daño, para no ser crueles.
"Yo creo que ser buena persona, entonces, es resistir a la especie a la que pertenecemos. Es pararnos y decir: No, no nos gustan las reglas de esta especie", explica el psicoanalista.
De Viktor Frankl y su reflexión, Rolón se acoge a Primo Levi, otro escritor que estuvo en Auschwitz. En este sentido, la pregunta de qué es ser un ser humano se convierte en una cuestión personal e íntima. "En una vida donde es tan difícil definir, por ejemplo, la felicidad, yo te diría que una de las cosas que pueden hacer que alguien sea feliz, es que tenga la capacidad de mirar hacia adentro sin sentir vergüenza de lo que encuentra", concluye Rolón.
La Real Academia Española define la palabra crueldad como "inhumanidad, fiereza de ánimo, impiedad" o "acción cruel e inhumana". Pero ¿qué hace que esta definición sea tan precisa en el caso del ser humano?
Gabriel Rolón, un reconocido psicoanalista argentino y escritor, analiza este tema en su libro "El hombre en busca de sentido", que narra sus experiencias vividas en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.
"Somos una especie evolucionada, pero sin embargo, tenemos algunas características complejas que nos llevan a diferenciarnos, quizás no para bien, de otros seres que ante el ojo humano se llegan a definir como salvajes", comienza explicando Rolón.
" Ningún león juega con la cebra que ha capturado solo para verla sufrir. No, la mata en cuanto puede, listo, tiene que alimentarse, es parte de su naturaleza", ejemplifica Rolón, pero la cosa cambia en los humanos. "Nosotros sí somos capaces de hacer sufrir a alguien solo por hacerlo sufrir. Nosotros, la especie humana, hemos inventado los campos de concentración, la tortura; hemos inventado la desigualdad, hemos inventado la injusticia social", añade.
Esta complejidad es la que hace cuestionarse a los humanos qué es realmente lo bueno o lo malo, qué es ético o menos ético. Todo ello conduce a las personas a la confusión, a no comprender desde qué lugar hay que partir para actuar en el bien, para no llegar a hacer daño, para no ser crueles.
"Yo creo que ser buena persona, entonces, es resistir a la especie a la que pertenecemos. Es pararnos y decir: No, no nos gustan las reglas de esta especie", explica el psicoanalista.
De Viktor Frankl y su reflexión, Rolón se acoge a Primo Levi, otro escritor que estuvo en Auschwitz. En este sentido, la pregunta de qué es ser un ser humano se convierte en una cuestión personal e íntima. "En una vida donde es tan difícil definir, por ejemplo, la felicidad, yo te diría que una de las cosas que pueden hacer que alguien sea feliz, es que tenga la capacidad de mirar hacia adentro sin sentir vergüenza de lo que encuentra", concluye Rolón.