CharlaContinente
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El consejero madrileño de Educación, Emilio Viciana, afirma que el modelo de universidad que apunta la Comunidad de Madrid "tiene puentes con la empresa". En otras palabras, se busca romper puentes con cualquier institución que no sirva directamente a los intereses empresariales. Esta posición es alarmante y explica por qué las masivas movilizaciones de este 2025 y las huelgas del pasado 28 de abril y del 26 y 27 de noviembre han sido tan efectivas.
El consejero hace una distinción entre "los mejores" y "las áreas en las que es realmente necesario". Bajo nuestro punto de vista, este discurso es un código para expulsar a cualquier persona o institución que no cumpla con los criterios de los "mejores". Esto se ha traducido en un avance vertiginoso de las universidades privadas sobre las públicas. Por cada 100 personas que entraron a trabajar en la universidad madrileña entre 2016 y 2024, 53 lo hicieron para las privadas.
La realidad es que Madrid está tratando de convertirse en una máquina de atracción de capital inmobiliario o de ricos estudiantes hispanohablantes, con el fin de expulsar a quienes no puedan pagar. El proyecto de que Madrid sea cada vez más una tierra de libertad y oportunidades, implica algo menos confesable: que Madrid sea también una máquina de expulsión para quien no puede asumir los precios astronómicos de la vivienda o el seguro privado de salud.
El movimiento por la universidad pública tiene que ser capaz de mantener y elevar el pulso al Gobierno madrileño. No solo tenemos los datos de nuestro lado, sino también hemos levantado una movilización histórica. Si conseguimos el apoyo de las cientos de miles de familias que se están jugando su futuro en esta batalla por la educación pública, podemos revertir la asfixia y parar la LESUC. Porque a Ayuso no le basta con su mayoría absoluta, necesita también una legitimidad de la que carece en este momento.
El consejero hace una distinción entre "los mejores" y "las áreas en las que es realmente necesario". Bajo nuestro punto de vista, este discurso es un código para expulsar a cualquier persona o institución que no cumpla con los criterios de los "mejores". Esto se ha traducido en un avance vertiginoso de las universidades privadas sobre las públicas. Por cada 100 personas que entraron a trabajar en la universidad madrileña entre 2016 y 2024, 53 lo hicieron para las privadas.
La realidad es que Madrid está tratando de convertirse en una máquina de atracción de capital inmobiliario o de ricos estudiantes hispanohablantes, con el fin de expulsar a quienes no puedan pagar. El proyecto de que Madrid sea cada vez más una tierra de libertad y oportunidades, implica algo menos confesable: que Madrid sea también una máquina de expulsión para quien no puede asumir los precios astronómicos de la vivienda o el seguro privado de salud.
El movimiento por la universidad pública tiene que ser capaz de mantener y elevar el pulso al Gobierno madrileño. No solo tenemos los datos de nuestro lado, sino también hemos levantado una movilización histórica. Si conseguimos el apoyo de las cientos de miles de familias que se están jugando su futuro en esta batalla por la educación pública, podemos revertir la asfixia y parar la LESUC. Porque a Ayuso no le basta con su mayoría absoluta, necesita también una legitimidad de la que carece en este momento.