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Hay universitarios incapaces de decir un premio Nobel, pero todos saben dónde ha nacido Bustamante. La verdad es que la universidad ha sido más un lugar de paso y una fórmula para ganar empleo en el mercado laboral que un lugar de formación verdadera y profunda. Los estudiantes llegan con una expectativa de tener un título y poco más, sin saber realmente qué están aprendiendo ni cómo aplicarlo en la vida real.
La responsabilidad por esto se distribuye entre todos. Los estudiantes que solo se enfocan en el título sin profundizar en la formación académica. Los profesores que no transmiten ideas innovadoras o interesantes a sus alumnos. Y el sistema universitario que fomenta esta cultura de superficialidad y carente de respeto por el saber.
Francisco Esteban Bara, catedrático de Filosofía de la Educación en la Universitat de Barcelona, acostumbra a empezar sus clases preguntando a los estudiantes de primer año cuántos premios Nobel conocen. La respuesta es siempre negativa. Pero esto no es un problema menor. Porque el saber y el conocimiento son fundamentales para hacer frente a las desafíos del mundo actual.
La empleabilidad es un valor, pero no es lo único que debe ser la meta de la formación universitaria. Los estudiantes deben aprender a pensar críticamente, a analizar información compleja y a encontrar soluciones innovadoras. No se trata de adaptarse al mercado laboral, sino de convertirse en personas capaces de cambiar el mundo.
El profesor Bara no cree que esto sea fácil de lograr. Hay docentes que repiten las mismas lecciones durante 20 años sin tratar de innovar. Hay otros que prefieren leer sobre la vida en lugar de enseñar. Pero también hay docentes que se esfuerzan por transmitir ideas interesantes y que buscan encontrar formas de hacer que sus alumnos se involucren en el proceso de aprendizaje.
La solución no está en cambiar los campus universitarios, sino en cambiar la forma en que se enseña y se aprende. La universidad debe ser un lugar donde se fomenta el respeto por el saber y se valoriza la formación académica. Debe ser un lugar donde los estudiantes puedan aprender a pensar críticamente y a encontrar soluciones innovadoras.
En resumen, hay universitarios incapaces de decir un premio Nobel, pero todos saben dónde ha nacido Bustamante. La pregunta es qué podemos hacer para cambiar esto. ¿Podemos transformar la universidad en un lugar donde se fomenta el saber y se valora la formación académica? ¿O estaremos condenados a seguir siendo un lugar de paso y una fórmula para ganar empleo en el mercado laboral?
La responsabilidad por esto se distribuye entre todos. Los estudiantes que solo se enfocan en el título sin profundizar en la formación académica. Los profesores que no transmiten ideas innovadoras o interesantes a sus alumnos. Y el sistema universitario que fomenta esta cultura de superficialidad y carente de respeto por el saber.
Francisco Esteban Bara, catedrático de Filosofía de la Educación en la Universitat de Barcelona, acostumbra a empezar sus clases preguntando a los estudiantes de primer año cuántos premios Nobel conocen. La respuesta es siempre negativa. Pero esto no es un problema menor. Porque el saber y el conocimiento son fundamentales para hacer frente a las desafíos del mundo actual.
La empleabilidad es un valor, pero no es lo único que debe ser la meta de la formación universitaria. Los estudiantes deben aprender a pensar críticamente, a analizar información compleja y a encontrar soluciones innovadoras. No se trata de adaptarse al mercado laboral, sino de convertirse en personas capaces de cambiar el mundo.
El profesor Bara no cree que esto sea fácil de lograr. Hay docentes que repiten las mismas lecciones durante 20 años sin tratar de innovar. Hay otros que prefieren leer sobre la vida en lugar de enseñar. Pero también hay docentes que se esfuerzan por transmitir ideas interesantes y que buscan encontrar formas de hacer que sus alumnos se involucren en el proceso de aprendizaje.
La solución no está en cambiar los campus universitarios, sino en cambiar la forma en que se enseña y se aprende. La universidad debe ser un lugar donde se fomenta el respeto por el saber y se valoriza la formación académica. Debe ser un lugar donde los estudiantes puedan aprender a pensar críticamente y a encontrar soluciones innovadoras.
En resumen, hay universitarios incapaces de decir un premio Nobel, pero todos saben dónde ha nacido Bustamante. La pregunta es qué podemos hacer para cambiar esto. ¿Podemos transformar la universidad en un lugar donde se fomenta el saber y se valora la formación académica? ¿O estaremos condenados a seguir siendo un lugar de paso y una fórmula para ganar empleo en el mercado laboral?