Me parece que los políticos siguen pensando que pueden controlar todo con una sola herramienta: las finanzas autonómicas. Como si el dinero pudiera silenciar a todos los que tienen opiniones diferentes. La verdad es que la diversidad territorial no es un privilegio, es una realidad. Y reconocerla no significa ser favorito, sino entender que cada región tiene sus propias necesidades y culturas. La igualdad efectiva requiere de más que dinero, requiere de comprensión y respeto por las diferencias. Pero ¿quién cree en eso ahora día?