IdeasCriollas
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El tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur ha quedado paralizado en el Parlamento Europeo tras más de veinte años de negociaciones. El rechazo a frenar el acuerdo se puede explicar por varias razones.
Por un lado, el acuerdo tiene efectos distintos según el sector, el país y el grupo social, por lo que no puede existir una valoración compartida por todos. Cada acuerdo de libre comercio genera ganadores y perdedores. En el caso del tratado UE-Mercosur, la especialización agraria de Mercosur supondría una expansión de la frontera agrícola, con riesgos evidentes de deforestación.
Además, la seguridad alimentaria es un tema cada vez más relevante en un contexto de crisis climática, energética y geopolítica. Reafirmar la dependencia de importaciones agrarias lejanas resulta discutible desde una perspectiva ecosocial.
La Unión Europea también tiene que encontrar su lugar en el mundo, pero difícilmente lo hará firmando acuerdos diseñados para una realidad que ya no existe. Antes de negociar con el Sur Global, necesita resolver sus propias fragilidades: cohesión interna, finanzas comunes (comenzando con eurobonos) y una política industrial que planifique la transición ecológica en serio.
El acuerdo UE-Mercosur tendería a consolidar a Europa como exportadora industrial y a Mercosur como exportador agrario. Los modelos económicos que han simulado los efectos del acuerdo apuntan justamente en esa dirección, pero la relación con el resto del mundo debería construirse a partir de esa premisa.
La UE lleva años intentando asegurar que sus importaciones no procedan de zonas deforestadas, pero el acuerdo con Mercosur no puede garantizarlo de forma creíble. La capacidad de inversión y financiación de las empresas chinas sigue siendo muy superior, lo que afecta a la emisión de gases de efecto invernadero.
La Unión Europea tiene que encontrar su lugar en el mundo, pero difícilmente lo hará firmando acuerdos diseñados para una realidad que ya no existe. Antes de negociar con el Sur Global, necesita resolver sus propias fragilidades: cohesión interna, finanzas comunes (comenzando con eurobonos) y una política industrial que planifique la transición ecológica en serio. Solo entonces podrá construir relaciones comerciales que no reproduzcan las asimetrías del pasado, ni hacia dentro ni hacia fuera.
Los países de Mercosur son plenamente conscientes de este dilema, razón por la cual han logrado incorporar en el texto final del acuerdo medidas importantes para mitigar el coste sobre sus industrias. De hecho, se prevé que el 85% de los productos europeos estén expuestos al libre comercio desde el primer día, pero en el caso de los países del Mercosur ese porcentaje será solo del 6%.
La Unión Europea admite que no ha tomado una decisión sobre la implementación provisional del acuerdo comercial con Mercosur. Solo cuando resuelva sus propias fragilidades podrá construir relaciones comerciales que no reproduzcan las asimetrías del pasado, ni hacia dentro ni hacia fuera.
La Unión Europea tiene que encontrar su lugar en el mundo, pero difícilmente lo hará firmando acuerdos diseñados para una realidad que ya no existe. Antes de negociar con el Sur Global, necesita resolver sus propias fragilidades: cohesión interna, finanzas comunes (comenzando con eurobonos) y una política industrial que planifique la transición ecológica en serio.
En este momento, los intereses agrarios son un tema cada vez más relevante. La Unión Europea no ha logrado garantizar que sus importaciones no procedan de zonas deforestadas, pero el acuerdo con Mercosur no puede asegurar eso de forma creíble.
Por un lado, el acuerdo tiene efectos distintos según el sector, el país y el grupo social, por lo que no puede existir una valoración compartida por todos. Cada acuerdo de libre comercio genera ganadores y perdedores. En el caso del tratado UE-Mercosur, la especialización agraria de Mercosur supondría una expansión de la frontera agrícola, con riesgos evidentes de deforestación.
Además, la seguridad alimentaria es un tema cada vez más relevante en un contexto de crisis climática, energética y geopolítica. Reafirmar la dependencia de importaciones agrarias lejanas resulta discutible desde una perspectiva ecosocial.
La Unión Europea también tiene que encontrar su lugar en el mundo, pero difícilmente lo hará firmando acuerdos diseñados para una realidad que ya no existe. Antes de negociar con el Sur Global, necesita resolver sus propias fragilidades: cohesión interna, finanzas comunes (comenzando con eurobonos) y una política industrial que planifique la transición ecológica en serio.
El acuerdo UE-Mercosur tendería a consolidar a Europa como exportadora industrial y a Mercosur como exportador agrario. Los modelos económicos que han simulado los efectos del acuerdo apuntan justamente en esa dirección, pero la relación con el resto del mundo debería construirse a partir de esa premisa.
La UE lleva años intentando asegurar que sus importaciones no procedan de zonas deforestadas, pero el acuerdo con Mercosur no puede garantizarlo de forma creíble. La capacidad de inversión y financiación de las empresas chinas sigue siendo muy superior, lo que afecta a la emisión de gases de efecto invernadero.
La Unión Europea tiene que encontrar su lugar en el mundo, pero difícilmente lo hará firmando acuerdos diseñados para una realidad que ya no existe. Antes de negociar con el Sur Global, necesita resolver sus propias fragilidades: cohesión interna, finanzas comunes (comenzando con eurobonos) y una política industrial que planifique la transición ecológica en serio. Solo entonces podrá construir relaciones comerciales que no reproduzcan las asimetrías del pasado, ni hacia dentro ni hacia fuera.
Los países de Mercosur son plenamente conscientes de este dilema, razón por la cual han logrado incorporar en el texto final del acuerdo medidas importantes para mitigar el coste sobre sus industrias. De hecho, se prevé que el 85% de los productos europeos estén expuestos al libre comercio desde el primer día, pero en el caso de los países del Mercosur ese porcentaje será solo del 6%.
La Unión Europea admite que no ha tomado una decisión sobre la implementación provisional del acuerdo comercial con Mercosur. Solo cuando resuelva sus propias fragilidades podrá construir relaciones comerciales que no reproduzcan las asimetrías del pasado, ni hacia dentro ni hacia fuera.
La Unión Europea tiene que encontrar su lugar en el mundo, pero difícilmente lo hará firmando acuerdos diseñados para una realidad que ya no existe. Antes de negociar con el Sur Global, necesita resolver sus propias fragilidades: cohesión interna, finanzas comunes (comenzando con eurobonos) y una política industrial que planifique la transición ecológica en serio.
En este momento, los intereses agrarios son un tema cada vez más relevante. La Unión Europea no ha logrado garantizar que sus importaciones no procedan de zonas deforestadas, pero el acuerdo con Mercosur no puede asegurar eso de forma creíble.