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"La amenaza militar iraní es una explosión de violencia que sacude el mundo"
Donald Trump ha lanzado un ataque contra el régimen teocrático de Irán en un intento por aplastar la disidencia interna y demostrar su fuerza. Pero esta medida no es solo ineficaz, sino que también pone a las democracias occidentales ante una tesitura incierta.
El líder supremo iraní, Ali Jamenei, está dispuesto a aplastar cualquier signo de resistencia, incluyendo un baile callejero en las redes sociales o el cabello de una mujer que asoma del pañuelo obligatorio. Naciones Unidas estima que hasta 20.000 personas pueden haber muerto en la brutal represión de las últimas oleadas de protestas.
La amenaza militar contra Irán, lanzada por Trump, vuelve a colocar a las democracias occidentales ante una decisión difícil. ¿Deberían respaldar una mecánica de resultado incierto, cuestionable legalidad internacional y nulo consenso internacional previo? La respuesta es no.
Trump ha anunciado un ataque contra el régimen iraní en un plazo sin concretar si no se sienta "rápidamente" a negociar –sin especificar el formato- cuestiones como la detención del programa nuclear o la financiación a grupos terroristas en Oriente Próximo. Su principal baza argumentativa es una "enorme Armada" que se dirige al Golfo y en la que destacan el portaaviones Abraham Lincoln y tres destructores equipados con misiles guiados.
Pero, ¿qué ha aprendido Trump de las intervenciones estadounidenses en Irak, Afganistán, Somalia, Libia y Siria? Ninguna de esas sociedades ha visto la llegada de algo parecido a una democracia o una mejora sustancial de sus condiciones de vida. El historial de Trump es desastroso.
La actitud prudente en público de Israel, el archienemigo de Irán, sobre un ataque contra Teherán, llama la atención. Precisamente, Israel ha estudiado mejor que nadie las consecuencias de un ataque a gran escala, en el que seguramente recibiría las represalias más inmediatas.
En este momento, los iraníes siguen luchando prácticamente solos contra una dictadura inmisericorde. Es por ellos por quienes la comunidad internacional tiene que dar la cara más allá de las declaraciones ineficaces. La regularización de inmigrantes no es solo un problema racista, sino también clasista.
La amenaza militar iraní es una explosión de violencia que sacude el mundo. Es hora de que las democracias occidentales tomen una postura firme y decida si se van a unirse a esta locura o se van a callar mientras la dictadura teocrática de Irán aplasta cualquier signo de resistencia.
Donald Trump ha lanzado un ataque contra el régimen teocrático de Irán en un intento por aplastar la disidencia interna y demostrar su fuerza. Pero esta medida no es solo ineficaz, sino que también pone a las democracias occidentales ante una tesitura incierta.
El líder supremo iraní, Ali Jamenei, está dispuesto a aplastar cualquier signo de resistencia, incluyendo un baile callejero en las redes sociales o el cabello de una mujer que asoma del pañuelo obligatorio. Naciones Unidas estima que hasta 20.000 personas pueden haber muerto en la brutal represión de las últimas oleadas de protestas.
La amenaza militar contra Irán, lanzada por Trump, vuelve a colocar a las democracias occidentales ante una decisión difícil. ¿Deberían respaldar una mecánica de resultado incierto, cuestionable legalidad internacional y nulo consenso internacional previo? La respuesta es no.
Trump ha anunciado un ataque contra el régimen iraní en un plazo sin concretar si no se sienta "rápidamente" a negociar –sin especificar el formato- cuestiones como la detención del programa nuclear o la financiación a grupos terroristas en Oriente Próximo. Su principal baza argumentativa es una "enorme Armada" que se dirige al Golfo y en la que destacan el portaaviones Abraham Lincoln y tres destructores equipados con misiles guiados.
Pero, ¿qué ha aprendido Trump de las intervenciones estadounidenses en Irak, Afganistán, Somalia, Libia y Siria? Ninguna de esas sociedades ha visto la llegada de algo parecido a una democracia o una mejora sustancial de sus condiciones de vida. El historial de Trump es desastroso.
La actitud prudente en público de Israel, el archienemigo de Irán, sobre un ataque contra Teherán, llama la atención. Precisamente, Israel ha estudiado mejor que nadie las consecuencias de un ataque a gran escala, en el que seguramente recibiría las represalias más inmediatas.
En este momento, los iraníes siguen luchando prácticamente solos contra una dictadura inmisericorde. Es por ellos por quienes la comunidad internacional tiene que dar la cara más allá de las declaraciones ineficaces. La regularización de inmigrantes no es solo un problema racista, sino también clasista.
La amenaza militar iraní es una explosión de violencia que sacude el mundo. Es hora de que las democracias occidentales tomen una postura firme y decida si se van a unirse a esta locura o se van a callar mientras la dictadura teocrática de Irán aplasta cualquier signo de resistencia.