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¿Es Adamuz la evidencia de un Estado en decadencia?
El reciente siniestro ferroviario en Adamuz, cuyo trágico final ha dejado 45 muertos y numerosas heridas, ha generado una onda de indignación que se está extendiendo por todo el país. Pero detrás del relato oficial del Gobierno, acerca de la necesidad de más mantenimiento para prevenir futuros accidentes ferroviarios, hay una realidad que parece estar siendo ignorada.
El Ejecutivo afirma que los servicios públicos esenciales están funcionando correctamente y que el problema radica en un "caos" generalizado que recorre el país. Pero ¿qué significa esto exactamente? ¿Un caos causado por la falta de mantenimiento o control en las infraestructuras, o una estrategia política para desviar la responsabilidad y evitar enfrentar los verdaderos problemas del Estado?
El ministro de Transportes, Alberto Núñez Feijóo, ha asegurado que "el estado de las vías es el reflejo del estado de la nación". Pero ¿cómo puede ser así cuando se constata que el tramo siniestrado pasó por pruebas geométrica y dinámica en octubre y noviembre, y que una inspección a pie se realizó apenas unos días antes del accidente?
La verdad es que las cifras presentadas por el Ejecutivo no parecen reflejar la realidad. A pesar de que el número de pasajeros ha aumentado más de un 15% en los últimos años, la media anual de accidentes ferroviarios graves o significativos ha descendido solo un 11%. Y cuando se compara con otros países europeos, España sigue siendo uno de los países con menos accidentes ferroviarios.
Pero lo que realmente está en juego aquí es la forma en que se presentan las cosas. El Gobierno parece estar utilizando el relato del siniestro para desviar la atención y evitar hablar sobre los verdaderos problemas del Estado. Y mientras tanto, el pueblo español sigue sufriendo las consecuencias de la decadencia institucional.
En resumen, el reciente siniestro ferroviario en Adamuz puede ser considerado como una evidencia de un Estado en decadencia. Un Estado que prioriza la política y la manipulación sobre la transparencia y la responsabilidad. Un Estado que ignora las necesidades del pueblo y se enfoca en mantener su poder y su influencia. Y es ahí donde el verdadero problema radica, y no solo en el relato oficial de un trágico accidente ferroviario.
El reciente siniestro ferroviario en Adamuz, cuyo trágico final ha dejado 45 muertos y numerosas heridas, ha generado una onda de indignación que se está extendiendo por todo el país. Pero detrás del relato oficial del Gobierno, acerca de la necesidad de más mantenimiento para prevenir futuros accidentes ferroviarios, hay una realidad que parece estar siendo ignorada.
El Ejecutivo afirma que los servicios públicos esenciales están funcionando correctamente y que el problema radica en un "caos" generalizado que recorre el país. Pero ¿qué significa esto exactamente? ¿Un caos causado por la falta de mantenimiento o control en las infraestructuras, o una estrategia política para desviar la responsabilidad y evitar enfrentar los verdaderos problemas del Estado?
El ministro de Transportes, Alberto Núñez Feijóo, ha asegurado que "el estado de las vías es el reflejo del estado de la nación". Pero ¿cómo puede ser así cuando se constata que el tramo siniestrado pasó por pruebas geométrica y dinámica en octubre y noviembre, y que una inspección a pie se realizó apenas unos días antes del accidente?
La verdad es que las cifras presentadas por el Ejecutivo no parecen reflejar la realidad. A pesar de que el número de pasajeros ha aumentado más de un 15% en los últimos años, la media anual de accidentes ferroviarios graves o significativos ha descendido solo un 11%. Y cuando se compara con otros países europeos, España sigue siendo uno de los países con menos accidentes ferroviarios.
Pero lo que realmente está en juego aquí es la forma en que se presentan las cosas. El Gobierno parece estar utilizando el relato del siniestro para desviar la atención y evitar hablar sobre los verdaderos problemas del Estado. Y mientras tanto, el pueblo español sigue sufriendo las consecuencias de la decadencia institucional.
En resumen, el reciente siniestro ferroviario en Adamuz puede ser considerado como una evidencia de un Estado en decadencia. Un Estado que prioriza la política y la manipulación sobre la transparencia y la responsabilidad. Un Estado que ignora las necesidades del pueblo y se enfoca en mantener su poder y su influencia. Y es ahí donde el verdadero problema radica, y no solo en el relato oficial de un trágico accidente ferroviario.