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La paz es un concepto complejo y multifacético, pero en este contexto marcado por la inestabilidad geopolítica y la proliferación de conflictos armados, parece haber una coincidencia sorprendente: el respeto al derecho internacional es visto como un pilar imprescindible para proteger a la población civil y construir una paz duradera.
Según Luis Miguel Gallardo, fundador de la Fundación Mundial de la Felicidad, "respetar el derecho internacional no es una preferencia política abstracta, sino una declaración de que toda vida humana importa". Gallardo advierte que cuando se viola el derecho internacional, ocurre algo sutil pero catastrófico: el cinismo crece, la gente deja de creer en la justicia y deja de creer que la cooperación es posible.
Pablo Martínez Osés, responsable de cooperación internacional de Oxfam Intermón, también destaca la importancia del respeto al derecho internacional. "Vivimos en un momento donde converge una crisis existencial del sistema multilateral y la falta de voluntad de quienes tienen capacidad de abordar y resolver conflictos", afirma. Oxfam Intermón reclama que los actores internacionales den un paso al frente y un compromiso renovado para promover el respeto y la aplicación del derecho internacional.
Amnistía Internacional España, por su parte, pone el foco en la creciente criminalización de la protesta y del activismo, así como el deterioro de la libertad de prensa. Según datos de su último informe Disidencia en juicio, se han registrado más de 140 protestas antigubernamentales relevantes en todo el mundo, muchas de ellas reprimidas mediante desinformación, persecución judicial y violencia.
Josep Maria Royo, investigador de la Escola de Cultura de Pau de la Universitat Autònoma de Barcelona, considera que la comunidad internacional debe reforzar "todo el andamiaje vinculado al derecho internacional y el derecho internacional humanitario". Royo advierte del riesgo de normalizar la violencia y la ley del más fuerte como soluciones.
Fundipau, organización especializada en la promoción de la cultura de paz, también alerta sobre la importancia del respeto al derecho internacional. "La paz no es pasiva", afirma. "La paz no es ingenua. La paz no es rendición". Fundipau identifica entre los principales peligros actuales el aumento militar, la normalización de la violencia y la polarización alimentada por el discurso de odio.
Carlos Villán, presidente de la Asociación Española para el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (AEDIDH), sostiene que la ONU atraviesa una grave crisis de relevancia y reclama una refundación profunda de la organización con criterios más democráticos. AEDIDH también expresa una profunda preocupación por la carrera armamentística y la proliferación de conflictos armados, que "llevan a la humanidad y al planeta a su autodestrucción".
En conclusión, parece haber un consenso en torno al hecho de que la paz no puede sostenerse sin derecho internacional, instituciones legítimas y una ciudadanía activa. La sociedad civil es vista como actor clave frente a la normalización de la violencia y la erosión de los derechos humanos.
Según Luis Miguel Gallardo, fundador de la Fundación Mundial de la Felicidad, "respetar el derecho internacional no es una preferencia política abstracta, sino una declaración de que toda vida humana importa". Gallardo advierte que cuando se viola el derecho internacional, ocurre algo sutil pero catastrófico: el cinismo crece, la gente deja de creer en la justicia y deja de creer que la cooperación es posible.
Pablo Martínez Osés, responsable de cooperación internacional de Oxfam Intermón, también destaca la importancia del respeto al derecho internacional. "Vivimos en un momento donde converge una crisis existencial del sistema multilateral y la falta de voluntad de quienes tienen capacidad de abordar y resolver conflictos", afirma. Oxfam Intermón reclama que los actores internacionales den un paso al frente y un compromiso renovado para promover el respeto y la aplicación del derecho internacional.
Amnistía Internacional España, por su parte, pone el foco en la creciente criminalización de la protesta y del activismo, así como el deterioro de la libertad de prensa. Según datos de su último informe Disidencia en juicio, se han registrado más de 140 protestas antigubernamentales relevantes en todo el mundo, muchas de ellas reprimidas mediante desinformación, persecución judicial y violencia.
Josep Maria Royo, investigador de la Escola de Cultura de Pau de la Universitat Autònoma de Barcelona, considera que la comunidad internacional debe reforzar "todo el andamiaje vinculado al derecho internacional y el derecho internacional humanitario". Royo advierte del riesgo de normalizar la violencia y la ley del más fuerte como soluciones.
Fundipau, organización especializada en la promoción de la cultura de paz, también alerta sobre la importancia del respeto al derecho internacional. "La paz no es pasiva", afirma. "La paz no es ingenua. La paz no es rendición". Fundipau identifica entre los principales peligros actuales el aumento militar, la normalización de la violencia y la polarización alimentada por el discurso de odio.
Carlos Villán, presidente de la Asociación Española para el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (AEDIDH), sostiene que la ONU atraviesa una grave crisis de relevancia y reclama una refundación profunda de la organización con criterios más democráticos. AEDIDH también expresa una profunda preocupación por la carrera armamentística y la proliferación de conflictos armados, que "llevan a la humanidad y al planeta a su autodestrucción".
En conclusión, parece haber un consenso en torno al hecho de que la paz no puede sostenerse sin derecho internacional, instituciones legítimas y una ciudadanía activa. La sociedad civil es vista como actor clave frente a la normalización de la violencia y la erosión de los derechos humanos.