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"La paz es un proceso activo, no pasivo"
En un mundo sumido en inestabilidad geopolítica y conflictos armados, una coalición de organizaciones de la sociedad civil y entidades especializadas en paz y derechos humanos ha lanzado un llamado a respetar el derecho internacional como base para la conciliación y la protección de la población civil. Según Luis Miguel Gallardo, fundador de la Fundación Mundial de la Felicidad, "respetar el derecho internacional no es una preferencia política abstracta, es una declaración de que toda vida humana importa".
Gallardo alertó sobre los peligros de la violación del derecho internacional, donde crece el cinismo y la gente deja de creer en la justicia. En su lugar, defiende una concepción activa de la paz: "La paz no es la ausencia de guerra, sino la presencia de integridad. La paz no es pasiva, sino activa. La paz no es rendición, sino resistencia".
Oxfam Intermón también ha lanzado un llamado a la acción, advirtiendo sobre la crisis existencial del sistema multilateral y la falta de voluntad de actores internacionales para abordar conflictos. Reclama que se den un paso al frente y compromisos renovados con el derecho internacional y su aplicación.
Amnistía Internacional España pone el foco en la creciente criminalización de la protesta y del activismo, así como en la deterioración de la libertad de prensa. El informe "Disidencia en juicio" registra más de 140 protestas antigubernamentales relevantes en todo el mundo, muchas de ellas reprimidas mediante desinformación, persecución judicial y violencia.
Academicamente, Josep Maria Royo, investigador de la Escola de Cultura de Pau, considera que la comunidad internacional debe reforzar "todo el andamiaje vinculado al derecho internacional y el derecho internacional humanitario". También advierte sobre el riesgo de normalizar la violencia y la ley del más fuerte como soluciones.
Fundipau, organización especializada en la promoción de la cultura de paz, alerta que ni la paz ni la democracia pueden darse hoy por garantizadas. Reclama acciones coordinadas para fortalecer el derecho internacional, impulsar la reforma y democratización de las Naciones Unidas, regular estrictamente el armamento y avanzar hacia la seguridad humana.
Finalmente, Carlos Villán, presidente de la Asociación Española para el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (AEDIDH), sostiene que la ONU atraviesa una grave crisis de relevancia y reclama una refundación profunda de la organización con criterios más democráticos. También destaca la necesidad de que la ciudadanía se empodere y reclame la paz como un valor universal irrenunciable.
En conjunto, estas voces coinciden en un diagnóstico común: la paz no puede sostenerse sin derecho internacional, sin instituciones legítimas y sin una ciudadanía activa. La sociedad civil es clave frente a la normalización de la violencia y la erosión de los derechos humanos.
En un mundo sumido en inestabilidad geopolítica y conflictos armados, una coalición de organizaciones de la sociedad civil y entidades especializadas en paz y derechos humanos ha lanzado un llamado a respetar el derecho internacional como base para la conciliación y la protección de la población civil. Según Luis Miguel Gallardo, fundador de la Fundación Mundial de la Felicidad, "respetar el derecho internacional no es una preferencia política abstracta, es una declaración de que toda vida humana importa".
Gallardo alertó sobre los peligros de la violación del derecho internacional, donde crece el cinismo y la gente deja de creer en la justicia. En su lugar, defiende una concepción activa de la paz: "La paz no es la ausencia de guerra, sino la presencia de integridad. La paz no es pasiva, sino activa. La paz no es rendición, sino resistencia".
Oxfam Intermón también ha lanzado un llamado a la acción, advirtiendo sobre la crisis existencial del sistema multilateral y la falta de voluntad de actores internacionales para abordar conflictos. Reclama que se den un paso al frente y compromisos renovados con el derecho internacional y su aplicación.
Amnistía Internacional España pone el foco en la creciente criminalización de la protesta y del activismo, así como en la deterioración de la libertad de prensa. El informe "Disidencia en juicio" registra más de 140 protestas antigubernamentales relevantes en todo el mundo, muchas de ellas reprimidas mediante desinformación, persecución judicial y violencia.
Academicamente, Josep Maria Royo, investigador de la Escola de Cultura de Pau, considera que la comunidad internacional debe reforzar "todo el andamiaje vinculado al derecho internacional y el derecho internacional humanitario". También advierte sobre el riesgo de normalizar la violencia y la ley del más fuerte como soluciones.
Fundipau, organización especializada en la promoción de la cultura de paz, alerta que ni la paz ni la democracia pueden darse hoy por garantizadas. Reclama acciones coordinadas para fortalecer el derecho internacional, impulsar la reforma y democratización de las Naciones Unidas, regular estrictamente el armamento y avanzar hacia la seguridad humana.
Finalmente, Carlos Villán, presidente de la Asociación Española para el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (AEDIDH), sostiene que la ONU atraviesa una grave crisis de relevancia y reclama una refundación profunda de la organización con criterios más democráticos. También destaca la necesidad de que la ciudadanía se empodere y reclame la paz como un valor universal irrenunciable.
En conjunto, estas voces coinciden en un diagnóstico común: la paz no puede sostenerse sin derecho internacional, sin instituciones legítimas y sin una ciudadanía activa. La sociedad civil es clave frente a la normalización de la violencia y la erosión de los derechos humanos.