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El sueño de colonizar Marte de Elon Musk ha sido aplazado. En su lugar, la empresa Space X se centrará en crear una base en la Luna.
La prioridad principal es asegurar el futuro de la civilización, y la Luna es más rápida para lograrlo que Marte, según el propio Musk. La idea de construir una ciudad en Marte no se abandona, pero se plantea en un plazo más corto: dentro de 5 a 7 años.
El argumento de Musk es que viajar a la Luna es posible cada 10 días y un viaje de 48 horas, mientras que el viaje a Marte es posible solo cuando los planetas se alinean cada 26 meses y un viaje de seis meses. Esto significa que SpaceX puede ir y venir más rápido para completar una ciudad lunar que una ciudad marciana.
El anuncio de Musk se hace poco después del anuncio de la fusión de Space X con xAI, lo que valora la entidad resultante en 1,25 billones de dólares. La empresa tiene muchos intereses geopolíticos y empresariales, y el cambio de rumbo puede ser una estrategia para volcar todos los recursos en la misión Artemisa.
El consenso científico es que las barreras técnicas y biológicas aún no permitirían una verdadera colonización humana de Marte. El plan de Musk ignora desafíos fundamentales como la reproducción humana, la producción de alimentos y marcos legales adecuados.
Jorge Hernández Bernal, científico planetario de la universidad de Sorbona en París, explica que no está claro que podamos realmente construir un entorno artificial habitable en Marte. "La Tierra es un paraíso terrenal y son oligarcas descorazonados como Elon Musk los culpables de su degradación y quienes nos ponen en peligro".
Pedro León, especialista en la carrera espacial, opina que cualquier declaración que haga Musk debe ser puesta en cuarentena porque luego la realidad viene a llevarse sus palabras. También duda que SpaceX pueda cumplir el compromiso con la NASA de llevar la Starship con dos astronautas a bordo en 2028.
Finalmente, Emilio García, astrofísico del IAA-CSIC, destaca que este cambio de rumbo de Musk es evidente una estrategia empresarial. La Luna es ahora mismo un objetivo geopolítico, y Estados Unidos está viendo claramente las orejas al lobo con China.
La prioridad principal es asegurar el futuro de la civilización, y la Luna es más rápida para lograrlo que Marte, según el propio Musk. La idea de construir una ciudad en Marte no se abandona, pero se plantea en un plazo más corto: dentro de 5 a 7 años.
El argumento de Musk es que viajar a la Luna es posible cada 10 días y un viaje de 48 horas, mientras que el viaje a Marte es posible solo cuando los planetas se alinean cada 26 meses y un viaje de seis meses. Esto significa que SpaceX puede ir y venir más rápido para completar una ciudad lunar que una ciudad marciana.
El anuncio de Musk se hace poco después del anuncio de la fusión de Space X con xAI, lo que valora la entidad resultante en 1,25 billones de dólares. La empresa tiene muchos intereses geopolíticos y empresariales, y el cambio de rumbo puede ser una estrategia para volcar todos los recursos en la misión Artemisa.
El consenso científico es que las barreras técnicas y biológicas aún no permitirían una verdadera colonización humana de Marte. El plan de Musk ignora desafíos fundamentales como la reproducción humana, la producción de alimentos y marcos legales adecuados.
Jorge Hernández Bernal, científico planetario de la universidad de Sorbona en París, explica que no está claro que podamos realmente construir un entorno artificial habitable en Marte. "La Tierra es un paraíso terrenal y son oligarcas descorazonados como Elon Musk los culpables de su degradación y quienes nos ponen en peligro".
Pedro León, especialista en la carrera espacial, opina que cualquier declaración que haga Musk debe ser puesta en cuarentena porque luego la realidad viene a llevarse sus palabras. También duda que SpaceX pueda cumplir el compromiso con la NASA de llevar la Starship con dos astronautas a bordo en 2028.
Finalmente, Emilio García, astrofísico del IAA-CSIC, destaca que este cambio de rumbo de Musk es evidente una estrategia empresarial. La Luna es ahora mismo un objetivo geopolítico, y Estados Unidos está viendo claramente las orejas al lobo con China.