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La crisis en Extremadura pone a prueba la resistencia de María Guardiola frente a Vox. Después del adelanto electoral del pasado diciembre, que dejó al PP con una mayoría insuficiente, la candidata del partido socialista se enfrenta a una tarea delicada: sentar cabeza en la Asamblea de Extremadura y negociar un acuerdo con Vox para conseguir la investidura.
El PP quiere negociar en bloque con Vox, es decir, alcanzar un acuerdo global que incluya el reparto de sillones, tanto en la Asamblea como en el Ejecutivo regional. Sin embargo, Vox ha comunicado la suspensión de las conversaciones para presionar a Guardiola y obtener las competencias ejecutivas que buscan, entre ellas una vicepresidencia y consejerías clave.
La relación entre PP y Vox es tensa desde la anterior legislatura, y ahora también con el aumento del número de diputados extremistas en la Asamblea. María Guardiola ha reiterado su compromiso con un Gobierno de coalición, pero la falta de fondos en las consejerías sobre las que tendría competencias ha sido un escollo para los negociadores.
Vox niega una ruptura del diálogo y mete presión a Guardiola para que le dé las consejerías que pide. El portavoz del partido, José Antonio Fúster, ha asegurado que el acuerdo programático estaba avanzando y que las posturas se habían acercado. Sin embargo, la sintonía entre PP y Vox es más patente en aspectos fiscales.
La situación en Extremadura está bajo tensión, y la elección de la Presidencia y los miembros de la Mesa es un trámite burocrático que no será simple. María Guardiola se enfrenta a una prueba difícil para demostrar su capacidad para negociar con Vox y asegurar la estabilidad del Gobierno en el territorio.
El PP quiere negociar en bloque con Vox, es decir, alcanzar un acuerdo global que incluya el reparto de sillones, tanto en la Asamblea como en el Ejecutivo regional. Sin embargo, Vox ha comunicado la suspensión de las conversaciones para presionar a Guardiola y obtener las competencias ejecutivas que buscan, entre ellas una vicepresidencia y consejerías clave.
La relación entre PP y Vox es tensa desde la anterior legislatura, y ahora también con el aumento del número de diputados extremistas en la Asamblea. María Guardiola ha reiterado su compromiso con un Gobierno de coalición, pero la falta de fondos en las consejerías sobre las que tendría competencias ha sido un escollo para los negociadores.
Vox niega una ruptura del diálogo y mete presión a Guardiola para que le dé las consejerías que pide. El portavoz del partido, José Antonio Fúster, ha asegurado que el acuerdo programático estaba avanzando y que las posturas se habían acercado. Sin embargo, la sintonía entre PP y Vox es más patente en aspectos fiscales.
La situación en Extremadura está bajo tensión, y la elección de la Presidencia y los miembros de la Mesa es un trámite burocrático que no será simple. María Guardiola se enfrenta a una prueba difícil para demostrar su capacidad para negociar con Vox y asegurar la estabilidad del Gobierno en el territorio.