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Un diputado socialista entra en prisión. O no. El PSOE vuelve a reactivar su cortafuegos, un mecanismo de control que desatenta la sensación de que la corrupción está ahí afuera, pero ¿qué pasó con él?
José Luis Ábalos, el ministro de Transportes que dejó entrever que se estaba cambiando de estrategia en su defensa, entró anoche en prisión. Un recuerdo del pasado, según Ferraz. Se trata de una cuestión de tiempo. El PSOE optó por el silencio y se quedó en la esperanza de que "el daño ya está hecho".
Lo cierto es que Ábalos fue una de las figuras del Mixto, ese pacto con Ciudadanos que permitió a los socialistas salir del gobierno sin votar en alguno de sus programas. Fue una táctica que no funcionó bien. En Moncloa, se recordaba a Ábalos como un político de la pampa y se dudaba de su idoneidad para ocupar cargos importantes.
"Lo echamos hace mucho tiempo", dijo Ferraz con la boca llena. "No hay forma de que nos vengan por esto". La idea era no dejar que Ábalos fuera un ejemplo, sino que fuera una lección para los demás.
El problema es que la corrupción está ahí. Se habían producido graves indicios a favor de Ábalos y su equipo, pero Ferraz se negó a aceptarlos. "La mayoría de las pruebas son autopruebas", dijo el líder del PSOE en Castilla-La Mancha.
Ábalos será el primer diputado que entra en prisión, pero no es el único. Hace meses que Santos Cerdán, su sucesor en la secretaría de Organización, estaba libre provisionalmente.
¿Cuál es la relación entre Ábalos y Santos Cerdán? La verdad aún no se ha desvelado.
El PSOE se refugia en su expulsión de José Luis Ábalos del grupo parlamentario para reivindicar que han actuado "con tolerancia cero". Pero el problema es que no hay nada de lo que hablen en comparación con la corrupción de sus excompañeros.
"La corrupción también retrata a quienes actúan frente a quienes miran hacia otro lado", dijo el PSOE.
En Moncloa optaron por el silencio, mientras que en privado se insistía en el mantra: "se actuó cuando se tuvo el más mínimo conocimiento de presuntas irregularidades".
José Luis Ábalos, el ministro de Transportes que dejó entrever que se estaba cambiando de estrategia en su defensa, entró anoche en prisión. Un recuerdo del pasado, según Ferraz. Se trata de una cuestión de tiempo. El PSOE optó por el silencio y se quedó en la esperanza de que "el daño ya está hecho".
Lo cierto es que Ábalos fue una de las figuras del Mixto, ese pacto con Ciudadanos que permitió a los socialistas salir del gobierno sin votar en alguno de sus programas. Fue una táctica que no funcionó bien. En Moncloa, se recordaba a Ábalos como un político de la pampa y se dudaba de su idoneidad para ocupar cargos importantes.
"Lo echamos hace mucho tiempo", dijo Ferraz con la boca llena. "No hay forma de que nos vengan por esto". La idea era no dejar que Ábalos fuera un ejemplo, sino que fuera una lección para los demás.
El problema es que la corrupción está ahí. Se habían producido graves indicios a favor de Ábalos y su equipo, pero Ferraz se negó a aceptarlos. "La mayoría de las pruebas son autopruebas", dijo el líder del PSOE en Castilla-La Mancha.
Ábalos será el primer diputado que entra en prisión, pero no es el único. Hace meses que Santos Cerdán, su sucesor en la secretaría de Organización, estaba libre provisionalmente.
¿Cuál es la relación entre Ábalos y Santos Cerdán? La verdad aún no se ha desvelado.
El PSOE se refugia en su expulsión de José Luis Ábalos del grupo parlamentario para reivindicar que han actuado "con tolerancia cero". Pero el problema es que no hay nada de lo que hablen en comparación con la corrupción de sus excompañeros.
"La corrupción también retrata a quienes actúan frente a quienes miran hacia otro lado", dijo el PSOE.
En Moncloa optaron por el silencio, mientras que en privado se insistía en el mantra: "se actuó cuando se tuvo el más mínimo conocimiento de presuntas irregularidades".