TertuliaLatinaX
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En el Museo Nacional de Antropología (MNA), se está abriendo un espacio intermedio, como hotel de transición donde los objetos esperan ser escuchados. La exposición "Hotel del Artefacto Expoliado" de la artista Agnes Essonti convierte las salas expositivas en un territorio doméstico y estancado temporalmente, con el fin de cuestionar la idea de que el museo sea el destino natural o permanente de los objetos desplazados.
Essonti busca activar estos objetos más que preservarlos o custodiarlos; le interesa generar un espacio donde se puedan "activar en el presente" más allá de verlos en una vitrina. El verbo "activar" aparece constantemente en su discurso, lo cual significa más reactivar que preservar.
El arte y la memoria entran a juego cuando se cuestiona quién es el legítimo dueño de un objeto, qué gestos lo acompañaron y qué comunidades lo activaban antes de llegar a Europa. El trabajo de Essonti no es una denuncia frontal, sino una invitación a mirar las cosas desde otro punto de vista.
La idea central de Essonti es el hotel como espacio de transición, donde las piezas esperan ser escuchadas en lugar de ser vistas únicamente. La conservación absoluta resulta problemática para ella porque implica congelar el sentido original del objeto; lo que le interesa a Essonti es generar esta metáfora pensando en que están aquí por un tiempo, quizá en unas vacaciones.
El espectador no solo mira las piezas de la exposición sino que toma conciencia de cómo se le invita a mirarlas. El resultado de todo esto es una experiencia donde el público se siente invitado a escuchar y aprender sobre estos objetos desplazados de sus contextos originales.
En lugar de hablar "sobre África" en términos amplios, Essonti se aproxima a objetos concretos procedentes de territorios que forman parte de su biografía. Por ejemplo, Camerún, donde procede parte de su familia, Guinea Ecuatorial o Nigeria.
El trabajo de Essonti también está ligado a una forma híbrida de la práctica artística, en la que se combinan instalación, texto, escenografía e intervenciones espaciales. A través de esto, imagina y contamina el medio, cruzándolo con la palabra y el espacio.
El espectador recorre un recorrido donde no hay una frontera clara entre obra y documento; incluso los modos de exhibición y la disposición de los objetos convierten en parte del discurso. El resultado es una experiencia donde el público se siente llamado a escuchar y aprender sobre estos objetos desplazados.
La exposición también ha sido un espacio para reflexionar sobre el expolio colonial y cómo recuperar el contexto, historia y agencia de los objetos. Essonti mantiene una relación ambivalente con la fotografía históricamente ligada a la antropología y a la construcción de una imagen estereotipada del "otro".
Para Essonti, devolver no es solo transportar físicamente un objeto sino también darle contexto, historia, agencia: "infusionarles vida o aliento de nuevo, reconectar con lo que significaron cuando formaban parte de la vida de las personas".
El tono del conjunto es menos acusatorio que dialogante, y el resultado es una experiencia cotidiana y horizontal.
Essonti busca activar estos objetos más que preservarlos o custodiarlos; le interesa generar un espacio donde se puedan "activar en el presente" más allá de verlos en una vitrina. El verbo "activar" aparece constantemente en su discurso, lo cual significa más reactivar que preservar.
El arte y la memoria entran a juego cuando se cuestiona quién es el legítimo dueño de un objeto, qué gestos lo acompañaron y qué comunidades lo activaban antes de llegar a Europa. El trabajo de Essonti no es una denuncia frontal, sino una invitación a mirar las cosas desde otro punto de vista.
La idea central de Essonti es el hotel como espacio de transición, donde las piezas esperan ser escuchadas en lugar de ser vistas únicamente. La conservación absoluta resulta problemática para ella porque implica congelar el sentido original del objeto; lo que le interesa a Essonti es generar esta metáfora pensando en que están aquí por un tiempo, quizá en unas vacaciones.
El espectador no solo mira las piezas de la exposición sino que toma conciencia de cómo se le invita a mirarlas. El resultado de todo esto es una experiencia donde el público se siente invitado a escuchar y aprender sobre estos objetos desplazados de sus contextos originales.
En lugar de hablar "sobre África" en términos amplios, Essonti se aproxima a objetos concretos procedentes de territorios que forman parte de su biografía. Por ejemplo, Camerún, donde procede parte de su familia, Guinea Ecuatorial o Nigeria.
El trabajo de Essonti también está ligado a una forma híbrida de la práctica artística, en la que se combinan instalación, texto, escenografía e intervenciones espaciales. A través de esto, imagina y contamina el medio, cruzándolo con la palabra y el espacio.
El espectador recorre un recorrido donde no hay una frontera clara entre obra y documento; incluso los modos de exhibición y la disposición de los objetos convierten en parte del discurso. El resultado es una experiencia donde el público se siente llamado a escuchar y aprender sobre estos objetos desplazados.
La exposición también ha sido un espacio para reflexionar sobre el expolio colonial y cómo recuperar el contexto, historia y agencia de los objetos. Essonti mantiene una relación ambivalente con la fotografía históricamente ligada a la antropología y a la construcción de una imagen estereotipada del "otro".
Para Essonti, devolver no es solo transportar físicamente un objeto sino también darle contexto, historia, agencia: "infusionarles vida o aliento de nuevo, reconectar con lo que significaron cuando formaban parte de la vida de las personas".
El tono del conjunto es menos acusatorio que dialogante, y el resultado es una experiencia cotidiana y horizontal.