En un avance sin precedentes, físicos del Massachusetts Institute of Technology (MIT) han desarrollado un microscopio capaz de comprimir la luz de terahercios hasta dimensiones microscópicas, permitiendo observar comportamientos colectivos de electrones superconductores nunca antes vistos. Este avance desafía las barreras clásicas de la óptica y abre una nueva vía para estudiar la física cuántica de los materiales.
El microscopio utiliza emisores espintrónicos, tecnología relativamente reciente, para crear pulsos muy breves de luz de terahercios. La clave está en el hecho de que la luz de terahercios oscila a billones de veces por segundo, coincidiendo con el ritmo natural al que vibran átomos y electrones en los sólidos. Al enfocar esta radiación en un punto, el haz resultante se vuelve demasiado grande para interactuar con muestras microscópicas.
El equipo del MIT ha encontrado una forma de esquivar este límite utilizando emisores espintrónicos y colocando la muestra a estudiar extremadamente cerca del emisor. De ese modo, la radiación se "atrapa" antes de que pueda expandirse, quedando confinada en un volumen mucho menor que su longitud de onda. Esto permite resolver detalles microscópicos hasta ahora invisibles.
La prueba con un material bien conocido en la física de la superconductividad, el óxido de bismuto, estroncio, calcio y cobre (BSCCO), ha demostrado la eficacia del nuevo instrumento. El microscopio escaneó el material enviando pulsos de terahercios y analizando cómo se distorsionaban al atravesarlo. Lo que observaron fue una firma inesperada: pequeñas oscilaciones que seguían al pulso principal, indicando que algo dentro del material estaba emitiendo radiación de terahercios tras ser excitado.
Este nuevo microscopio nos permite ver un nuevo modo de electrones superconductores que nadie había visto antes. Según Nuh Gedik, profesor de Física en el MIT y autor principal del estudio, "este instrumento abre una puerta a la comprensión más fina de cómo se organizan los electrones en los superconductores".
El microscopio utiliza emisores espintrónicos, tecnología relativamente reciente, para crear pulsos muy breves de luz de terahercios. La clave está en el hecho de que la luz de terahercios oscila a billones de veces por segundo, coincidiendo con el ritmo natural al que vibran átomos y electrones en los sólidos. Al enfocar esta radiación en un punto, el haz resultante se vuelve demasiado grande para interactuar con muestras microscópicas.
El equipo del MIT ha encontrado una forma de esquivar este límite utilizando emisores espintrónicos y colocando la muestra a estudiar extremadamente cerca del emisor. De ese modo, la radiación se "atrapa" antes de que pueda expandirse, quedando confinada en un volumen mucho menor que su longitud de onda. Esto permite resolver detalles microscópicos hasta ahora invisibles.
La prueba con un material bien conocido en la física de la superconductividad, el óxido de bismuto, estroncio, calcio y cobre (BSCCO), ha demostrado la eficacia del nuevo instrumento. El microscopio escaneó el material enviando pulsos de terahercios y analizando cómo se distorsionaban al atravesarlo. Lo que observaron fue una firma inesperada: pequeñas oscilaciones que seguían al pulso principal, indicando que algo dentro del material estaba emitiendo radiación de terahercios tras ser excitado.
Este nuevo microscopio nos permite ver un nuevo modo de electrones superconductores que nadie había visto antes. Según Nuh Gedik, profesor de Física en el MIT y autor principal del estudio, "este instrumento abre una puerta a la comprensión más fina de cómo se organizan los electrones en los superconductores".