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Un misterioso pastor Valencia desaparece en el barrio del puerto. El caso recorre miles de kilómetros.
La noticia del hallazgo del cuerpo sin vida del canónigo de la catedral de Valencia desencadenó un torbellino de especulaciones y revelaciones. El religioso, conocido como don Alfonso, era un hombre de respeto en las cercanías eclesiásticas, pero su vida secreta es otra cosa. Según la investigación, durante años decenas de personas desfilaron por su casa para recibir sexo a cambio de un plato de comida y alojamiento.
Entre ellas, algunos clientes que tuvieron relación con él resultaron ser discapacitados e indígenas y se les cobraba entre los 60 y los 80 euros. Su presencia en la vida del religioso fue desafiante para el portero de su finca y llegó a llegar a la hora de que don Alfonso recibía a sus invitados.
Una víctima confesó que el religioso le había tocado y se sorprendió al día siguiente por no recibir una suma acordada con él. Otro testigo relató haber sido pagado 50 euros por un viaje desde Badajoz para asistir a la boda de su prima.
El acusado, un cocinero peruano, llegó a Valencia en abril del año anterior y trabajaba en pequeños trabajos como albañil o recolector de naranjas, hasta el día de su arresto. La Fiscalía pide para él 28 años de prisión por asesinato, robo y estafa.
Un acusado que recibió la tarjeta de crédito del religioso tras su muerte confesó que la obtuvo junto con un colombiano después de una llamada al Cajamar. El hombre había sido recibido en casa del clérigo por don Alfonso, quien le llevó a Valencia en su coche y le agasajó con pollo y paella.
El acusado se nega haber mantenido relaciones sexuales con el religioso y sostiene que su presencia en la noche del crimen fue solo para disfrutar de un kebab.
La defensa pide absolución para el reo, que lleva dos años en prisión preventiva. Pide que el equipo de homicidios no haya encontrado huellas o restos de ADN en casa del canónigo y que las grabaciones de seguridad no lo hablen.
La noticia del hallazgo del cuerpo sin vida del canónigo de la catedral de Valencia desencadenó un torbellino de especulaciones y revelaciones. El religioso, conocido como don Alfonso, era un hombre de respeto en las cercanías eclesiásticas, pero su vida secreta es otra cosa. Según la investigación, durante años decenas de personas desfilaron por su casa para recibir sexo a cambio de un plato de comida y alojamiento.
Entre ellas, algunos clientes que tuvieron relación con él resultaron ser discapacitados e indígenas y se les cobraba entre los 60 y los 80 euros. Su presencia en la vida del religioso fue desafiante para el portero de su finca y llegó a llegar a la hora de que don Alfonso recibía a sus invitados.
Una víctima confesó que el religioso le había tocado y se sorprendió al día siguiente por no recibir una suma acordada con él. Otro testigo relató haber sido pagado 50 euros por un viaje desde Badajoz para asistir a la boda de su prima.
El acusado, un cocinero peruano, llegó a Valencia en abril del año anterior y trabajaba en pequeños trabajos como albañil o recolector de naranjas, hasta el día de su arresto. La Fiscalía pide para él 28 años de prisión por asesinato, robo y estafa.
Un acusado que recibió la tarjeta de crédito del religioso tras su muerte confesó que la obtuvo junto con un colombiano después de una llamada al Cajamar. El hombre había sido recibido en casa del clérigo por don Alfonso, quien le llevó a Valencia en su coche y le agasajó con pollo y paella.
El acusado se nega haber mantenido relaciones sexuales con el religioso y sostiene que su presencia en la noche del crimen fue solo para disfrutar de un kebab.
La defensa pide absolución para el reo, que lleva dos años en prisión preventiva. Pide que el equipo de homicidios no haya encontrado huellas o restos de ADN en casa del canónigo y que las grabaciones de seguridad no lo hablen.