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La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la amenaza de Donald Trump de replicar su intervencionismo en Groenlandia revelan profundamente la fractura dentro de la extrema derecha global. "Los partidos ultranacionalistas comparten una narrativa, pero nunca han tenido una posición unificada", explica el experto en autoritarismos Franco Delle Donne, autor del libro Epidemia Ultra.
La doctrina intervencionista de Trump también despierta importantes recelos en otros partidos de extrema derecha. Ningún líder ultra ha sido más explícito en ese sentido que la francesa Marine Le Pen, de Reagrupamiento Nacional. "La soberanía de los Estados nunca es negociable", ha denunciado. Por su parte, parte de Alternativa por Alemania (AfD) está dividida en dos facciones representadas en una copresidencia bicéfala.
En medio de ambas posiciones se encuentran pesos pesados de la extrema derecha europea que tratan de equilibrar su alianza con Trump con cierta crítica. Es el caso del presidente de Italia, Giorgia Meloni, quien ha mostrado su desacuerdo con Trump y ha descartado como "poco realista" una hipotética acción militar estadounidense en Groenlandia.
El líder de Reform UK, Nigel Farage, se ha limitado a decir que es un "asunto de la OTAN" que debe ser gestionado internamente. Por su parte, el presidente de Hungría, Viktor Orbán, ha optado por una posición poco habitual al celebrar que el creciente poder de EEUU en las reservas mundiales de petróleo le permitirá influir en el precio de la energía y crear "una situación energética más favorable" a los intereses de Budapest.
La fractura dentro de la extrema derecha global es evidente. Mientras algunos partidos celebran la intervención militar estadounidense en Venezuela, otros despiertan recelos y críticas hacia la doctrina intervencionista de Trump. La situación en Groenlandia también genera controversias, con algunas fuerzas reaccionarias que ven en Trump una brújula moral y que ahora se pronuncian o guardan silencio dependiendo de sus contextos geográficos, políticos y electorales.
La doctrina intervencionista de Trump también despierta importantes recelos en otros partidos de extrema derecha. Ningún líder ultra ha sido más explícito en ese sentido que la francesa Marine Le Pen, de Reagrupamiento Nacional. "La soberanía de los Estados nunca es negociable", ha denunciado. Por su parte, parte de Alternativa por Alemania (AfD) está dividida en dos facciones representadas en una copresidencia bicéfala.
En medio de ambas posiciones se encuentran pesos pesados de la extrema derecha europea que tratan de equilibrar su alianza con Trump con cierta crítica. Es el caso del presidente de Italia, Giorgia Meloni, quien ha mostrado su desacuerdo con Trump y ha descartado como "poco realista" una hipotética acción militar estadounidense en Groenlandia.
El líder de Reform UK, Nigel Farage, se ha limitado a decir que es un "asunto de la OTAN" que debe ser gestionado internamente. Por su parte, el presidente de Hungría, Viktor Orbán, ha optado por una posición poco habitual al celebrar que el creciente poder de EEUU en las reservas mundiales de petróleo le permitirá influir en el precio de la energía y crear "una situación energética más favorable" a los intereses de Budapest.
La fractura dentro de la extrema derecha global es evidente. Mientras algunos partidos celebran la intervención militar estadounidense en Venezuela, otros despiertan recelos y críticas hacia la doctrina intervencionista de Trump. La situación en Groenlandia también genera controversias, con algunas fuerzas reaccionarias que ven en Trump una brújula moral y que ahora se pronuncian o guardan silencio dependiendo de sus contextos geográficos, políticos y electorales.