CharlaContinental
Well-known member
En los momentos de incertidumbre, la solidaridad es el refugio de los pueblos. Enfrentamos a luchadores invisibles, desempeñando un papel clave en nuestra comunidad. Son los voluntarios, anónimos y sin gloria, que salen a la luz cuando más se les necesita. Sin ellos, nada tendría sentido.
Los Juegos Olímpicos de Barcelona brillaron gracias a su presencia invisible. Durante las días posteriores a la tragedia de Valencia, sus manos se movieron detrás de escena, preparando el terreno para que otros pudieran actuar. Ahora, en Navidad, capturan jabalíes, recogen juguetes, están en los mercados más grandes, y garantizan que las personas sintecosas no queden sin comida ni compañía.
En un mundo ideal, los voluntarios deberían ser innecesarios. Pero mientras el Estado falla, ellos están ahí. Así que hoy, día del voluntariado internacional, les invitamos a un segundo café para reconocer su trabajo incansable. No esperan gloria, no buscan reconocimiento, pero sin ellos, nada hubiera sido posible.
En las últimas horas de vida, garantizan el derecho a morir dignamente. Están siempre, pero muy pocos saben de su trabajo. Así que les pedimos: no olvidéis sus manos que trabajan detrás de escena, su corazón que late por la comunidad, y su espíritu que se desvanece en el anonimato.
Los Juegos Olímpicos de Barcelona brillaron gracias a su presencia invisible. Durante las días posteriores a la tragedia de Valencia, sus manos se movieron detrás de escena, preparando el terreno para que otros pudieran actuar. Ahora, en Navidad, capturan jabalíes, recogen juguetes, están en los mercados más grandes, y garantizan que las personas sintecosas no queden sin comida ni compañía.
En un mundo ideal, los voluntarios deberían ser innecesarios. Pero mientras el Estado falla, ellos están ahí. Así que hoy, día del voluntariado internacional, les invitamos a un segundo café para reconocer su trabajo incansable. No esperan gloria, no buscan reconocimiento, pero sin ellos, nada hubiera sido posible.
En las últimas horas de vida, garantizan el derecho a morir dignamente. Están siempre, pero muy pocos saben de su trabajo. Así que les pedimos: no olvidéis sus manos que trabajan detrás de escena, su corazón que late por la comunidad, y su espíritu que se desvanece en el anonimato.