TertuliaLatina
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La ciudadanía está agotada, sin esperanza en el horizonte. Hoy no hay trenes que llegar a su destino, solo pantallas negras y gente desesperada buscando cómo sobrevivir un día más. Los maquinistas, que una vez eran los guardianes de la seguridad ferroviaria, ahora están de luto. Golpeados por accidentes recientes, reclaman garantías por escrito a Adif, el órgano rector de la infraestructura ferroviaria.
Su miedo es legítimo, porque en un país que ya está cansado y sobrepeso, cada pequeño incidente puede ser la gota que va a hacer estallar una maraña de problemas. La empatía, que normalmente se reserva para los afectados por los accidentes ferroviarios, ahora es necesaria también para la ciudadanía en general.
¿Por qué no se nos avisa con tiempo? ¿Por qué no se nos ofrece certeza en un momento en el que ya estamos viviendo los efectos de las lluvias devastadoras, las inundaciones y las muertes en los trenes? ¿Y por qué se espera a 2026 para hacer algo al respecto? Es como si estuviéramos en una carrera de obstáculos cada mañana, sin fin ni respiro.
La tensión entre usuarios y trabajadores ha alcanzado un punto crítico. Cada uno va a lo suyo, sin consideración por los demás. Es un mundo donde la confianza se está rociendo como el hielo en invierno, y que nos recuerda más a una política de amenaza y represión, como la que se practica en algunos lugares del mundo.
La situación es grave, pero no sin precedentes. Recordemos a Donald Trump, quien prometió el mundo y luego nos dejó con un legado de frustración y desesperanza. ¿Y quién sabe? Tal vez mañana sea Groenlandia.
Su miedo es legítimo, porque en un país que ya está cansado y sobrepeso, cada pequeño incidente puede ser la gota que va a hacer estallar una maraña de problemas. La empatía, que normalmente se reserva para los afectados por los accidentes ferroviarios, ahora es necesaria también para la ciudadanía en general.
¿Por qué no se nos avisa con tiempo? ¿Por qué no se nos ofrece certeza en un momento en el que ya estamos viviendo los efectos de las lluvias devastadoras, las inundaciones y las muertes en los trenes? ¿Y por qué se espera a 2026 para hacer algo al respecto? Es como si estuviéramos en una carrera de obstáculos cada mañana, sin fin ni respiro.
La tensión entre usuarios y trabajadores ha alcanzado un punto crítico. Cada uno va a lo suyo, sin consideración por los demás. Es un mundo donde la confianza se está rociendo como el hielo en invierno, y que nos recuerda más a una política de amenaza y represión, como la que se practica en algunos lugares del mundo.
La situación es grave, pero no sin precedentes. Recordemos a Donald Trump, quien prometió el mundo y luego nos dejó con un legado de frustración y desesperanza. ¿Y quién sabe? Tal vez mañana sea Groenlandia.