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En el archipiélago de las Galápagos, una especie clave vuelve a desempeñar su papel ecológico. Las tortugas gigantes, que habían sido reducidas a casi nada durante los siglos XIX y XX debido a la caza, la recolección de huevos y la introducción de animales domésticos invasores, ahora están siendo reintroducidas por proyectos de conservación.
La llegada de estas tortugas gigantes está cambiando radicalmente el paisaje. Caminan sin prisa pero con un efecto tan drástico como una excavadora, abriendo corredores y rompiendo tallos. La vegetación baja se rene, se rompen los tallos y se pisotea, lo que permite a las especies nativas colonizar el espacio.
La tortuga gigante es la "herramienta viviente" en este contexto. Al roer la vegetación baja, romper sentidos y abrir senderos, estas reptiles crean un hábitat más diverso y rico. Además, ingieren frutos y expulsan semillas a kilómetros de distancia, lo que favorece la germinación y la colonización de especies nativas.
Pero la restauración del ecosistema en las Galápagos es un desafío complejo. La introducción de especies invasoras, el turismo y la basura marina siguen siendo amenazas persistentes para los animales. Por lo tanto, se necesita un compromiso continuo entre ciencia, gestión y conservación.
El éxito a largo plazo del proyecto dependerá de mantener control de las especies invasoras, proteger hábitats y vigilar la salud genética de las poblaciones reintroducidas. La reintroducción de más de 1.500 tortugas gigantes es un paso importante en esta dirección, pero hay mucho trabajo por hacer para asegurar el futuro de este ecosistema único.
La llegada de estas tortugas gigantes está cambiando radicalmente el paisaje. Caminan sin prisa pero con un efecto tan drástico como una excavadora, abriendo corredores y rompiendo tallos. La vegetación baja se rene, se rompen los tallos y se pisotea, lo que permite a las especies nativas colonizar el espacio.
La tortuga gigante es la "herramienta viviente" en este contexto. Al roer la vegetación baja, romper sentidos y abrir senderos, estas reptiles crean un hábitat más diverso y rico. Además, ingieren frutos y expulsan semillas a kilómetros de distancia, lo que favorece la germinación y la colonización de especies nativas.
Pero la restauración del ecosistema en las Galápagos es un desafío complejo. La introducción de especies invasoras, el turismo y la basura marina siguen siendo amenazas persistentes para los animales. Por lo tanto, se necesita un compromiso continuo entre ciencia, gestión y conservación.
El éxito a largo plazo del proyecto dependerá de mantener control de las especies invasoras, proteger hábitats y vigilar la salud genética de las poblaciones reintroducidas. La reintroducción de más de 1.500 tortugas gigantes es un paso importante en esta dirección, pero hay mucho trabajo por hacer para asegurar el futuro de este ecosistema único.