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Las casas de lujo están revolucionando el mundo del deporte: cómo las atletas femeninas se han convertido en embajadoras naturales de la exclusividad.
En los últimos años, el deporte ha cobrado un nuevo significado. Las imágenes de atletas como Naomi Osaka y Alexia Putellas brillando con diseños exclusivos de Off-White o Balenciaga en actos institucionales han repuesto las fronteras entre el mundo del deporte y la moda de lujo. Las potentes relojeras Omega y Rolex ya no solo patrocinan a los deportistas, sino que también les ofrecen una plataforma para promocionar sus marcas.
La estrategia global de las casas de lujo busca conquistar al 'mainstream' sin renunciar al aura aspiracional. El ejemplo más evidente es LVMH, matriz de Louis Vuitton, que ha entrado con fuerza en territorios deportivos masivos como la Fórmula 1 y el fútbol. La última alianza del grupo es con el Real Madrid de fútbol, a quien viste a su equipo masculino y femenino.
El deporte ofrece un impacto planetario a audiencias multigeneracionales; visibilidad global envuelta en un relato de excelencia. Tradicionalmente, las casas de lujo se han vinculado a disciplinas con valores asociados a la artesanía y la exclusividad como la vela, el golf o el tenis.
Pero ahora también se ha construido un nuevo paisaje, donde las firmas deportivas tradicionales también han reformulado su papel. Adidas y Nike, líderes en la industria performance, han entendido que el futuro pasa por vestirse de moda para conquistar al público femenino. Desde colaboraciones con diseñadoras emergentes hasta colecciones que borran las fronteras entre el gimnasio y el streetwear, estas marcas buscan conectar a sus atletas con la cultura popular.
El resultado es claro: el lujo ya no baja al deporte, sino que se despliega dentro de él. Y lo hace para conquistar el mayor escenario cultural de nuestro tiempo. Las atletas femeninas han convertido en embajadoras naturales de la exclusividad, y las casas de lujo están dispuestas a seguir su juego para llevar la moda de lujo al mundo del deporte.
En los últimos años, el deporte ha cobrado un nuevo significado. Las imágenes de atletas como Naomi Osaka y Alexia Putellas brillando con diseños exclusivos de Off-White o Balenciaga en actos institucionales han repuesto las fronteras entre el mundo del deporte y la moda de lujo. Las potentes relojeras Omega y Rolex ya no solo patrocinan a los deportistas, sino que también les ofrecen una plataforma para promocionar sus marcas.
La estrategia global de las casas de lujo busca conquistar al 'mainstream' sin renunciar al aura aspiracional. El ejemplo más evidente es LVMH, matriz de Louis Vuitton, que ha entrado con fuerza en territorios deportivos masivos como la Fórmula 1 y el fútbol. La última alianza del grupo es con el Real Madrid de fútbol, a quien viste a su equipo masculino y femenino.
El deporte ofrece un impacto planetario a audiencias multigeneracionales; visibilidad global envuelta en un relato de excelencia. Tradicionalmente, las casas de lujo se han vinculado a disciplinas con valores asociados a la artesanía y la exclusividad como la vela, el golf o el tenis.
Pero ahora también se ha construido un nuevo paisaje, donde las firmas deportivas tradicionales también han reformulado su papel. Adidas y Nike, líderes en la industria performance, han entendido que el futuro pasa por vestirse de moda para conquistar al público femenino. Desde colaboraciones con diseñadoras emergentes hasta colecciones que borran las fronteras entre el gimnasio y el streetwear, estas marcas buscan conectar a sus atletas con la cultura popular.
El resultado es claro: el lujo ya no baja al deporte, sino que se despliega dentro de él. Y lo hace para conquistar el mayor escenario cultural de nuestro tiempo. Las atletas femeninas han convertido en embajadoras naturales de la exclusividad, y las casas de lujo están dispuestas a seguir su juego para llevar la moda de lujo al mundo del deporte.