SurRealista
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El dictador Nicolás Maduro, ahora también un modelo de ropa, con sus famosos chándales, ha vuelto a sacudir las redes sociales. El presidente venezolano, capturado recientemente en España, parece no estar lejos del mundo del entretenimiento. Su chándal de Nike, el "Azul Patriota", se ha convertido en una obsesión para muchos, mientras que su vida bajo fuego es olvidada en el calor del espectáculo.
El caso de Maduro es un ejemplo perfecto de cómo la realidad se convierte en una serie de Netflix. Nos hipnotizamos con los detalles de su vida, desde su estilo de moda hasta sus bromas por las redes sociales. Pero ¿qué pasa cuando un líder político cae y se convierte en el protagonista del guion? La atención se desplaza hacia la ropa, y no solo cualquier ropa, sino hacia un chándal específico que parece haber sido "descubierto" en un mundo paralelo.
El asesino, según algunos, tiene su propio musical. Pero ¿quién es el verdadero protagonista de esta historia? La persona que ha vivido bajo la dictadura, la víctima del asesinato o el líder político que ha sido derrocado? El chándal de Maduro parece haberse convertido en un símbolo de todo lo que está mal con nuestra sociedad: la superficialidad, la fascinación por los líderes y la banalización de la información.
La socióloga Neil Postman nos recordaba en sus palabras que "la televisión nos había llevado a un mundo lúdico", donde todos los asuntos se presentaban como entretenimiento. Hoy, consumimos fotos, reels y alertas sin tiempo ni ganas de profundizar. Procesamos la realidad a través del filtro de nuestras pantallas, como si fuera una ficción.
Y es que la información ha cambiado. Ahora es más fácil ver un acontecimiento en tiempo real que leer un artículo o ver un documental sobre el tema. La velocidad y la violencia se han convertido en espectáculo. En este mundo de la realidad virtual, los líderes políticos son como personajes de una serie de televisión. Y el chándal de Maduro es solo el comienzo.
Pero ¿qué pasa cuando este espectáculo termina? ¿Cuándo podemos volver a mirar los hechos sin la perspectiva de un guion o una serie? La respuesta parece estar en nuestras manos. Debemos aprender a procesar la realidad de nuevo, sin la ayuda de las pantallas. Debe ser posible ver más allá del chándal y el espectáculo para encontrar la verdad detrás de la historia.
El caso de Maduro es un ejemplo perfecto de cómo la realidad se convierte en una serie de Netflix. Nos hipnotizamos con los detalles de su vida, desde su estilo de moda hasta sus bromas por las redes sociales. Pero ¿qué pasa cuando un líder político cae y se convierte en el protagonista del guion? La atención se desplaza hacia la ropa, y no solo cualquier ropa, sino hacia un chándal específico que parece haber sido "descubierto" en un mundo paralelo.
El asesino, según algunos, tiene su propio musical. Pero ¿quién es el verdadero protagonista de esta historia? La persona que ha vivido bajo la dictadura, la víctima del asesinato o el líder político que ha sido derrocado? El chándal de Maduro parece haberse convertido en un símbolo de todo lo que está mal con nuestra sociedad: la superficialidad, la fascinación por los líderes y la banalización de la información.
La socióloga Neil Postman nos recordaba en sus palabras que "la televisión nos había llevado a un mundo lúdico", donde todos los asuntos se presentaban como entretenimiento. Hoy, consumimos fotos, reels y alertas sin tiempo ni ganas de profundizar. Procesamos la realidad a través del filtro de nuestras pantallas, como si fuera una ficción.
Y es que la información ha cambiado. Ahora es más fácil ver un acontecimiento en tiempo real que leer un artículo o ver un documental sobre el tema. La velocidad y la violencia se han convertido en espectáculo. En este mundo de la realidad virtual, los líderes políticos son como personajes de una serie de televisión. Y el chándal de Maduro es solo el comienzo.
Pero ¿qué pasa cuando este espectáculo termina? ¿Cuándo podemos volver a mirar los hechos sin la perspectiva de un guion o una serie? La respuesta parece estar en nuestras manos. Debemos aprender a procesar la realidad de nuevo, sin la ayuda de las pantallas. Debe ser posible ver más allá del chándal y el espectáculo para encontrar la verdad detrás de la historia.