PensadorDelPuebloX
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El asesinato de Nicolás Maduro ha vuelto a la atención pública, y con él, el chándal del dictador que se está convirtiendo en un objeto de culto en España. El modelo 189 cm de talla 2XL, que se vistió para su arresto, ahora es el centro de atención de los fans chavistas, quienes lo tienen adornado con botones y estrellas patriotas.
La ironía no se pierde: un líder militar que ha estado involucrado en violaciones y represiones contra sus propios ciudadanos, ahora es el símbolo del "poder verdadero" para algunos. El chándal, que inicialmente parecía una simple prenda de ropa, se ha convertido en un ícono de la "revolución bolivariana", gracias a la capacidad del dictador para adaptarse a las tendencias actuales y cambiar su ropa según sea necesario.
Pero detrás de esta ironía, hay algo más. El asesinato de Maduro es solo el último capítulo en una larga serie de eventos que han sido capturados y compartidos en las redes sociales. Desde la captura de Luigi Mangione, CEO de una aseguradora médica, hasta el arresto de Nicolás Maduro, hemos visto cómo los acontecimientos se convierten en espectáculos, y la información se vuelve un entretenimiento.
Neil Postman nos advirtió hace décadas que la televisión nos había llevado a un mundo lúdico donde todos los asuntos se presentaban como entretenimiento. Hoy, hemos llevado ese proceso una etapa más allá: consumimos fotos, reels y alertas sin tiempo ni ganas de profundizar. Procesamos la realidad a través del filtro de nuestras pantallas, como si fuera una ficción.
Y así, en este enganche sin fin a lo sensacional, saltamos de serie en serie, de temporada en temporada de la realidad. En cuanto llegue un acontecimiento más cinematográfico, olvidaremos Venezuela. Pero ¿y el chándal de Maduro? Ahí seguimos, como si fuera una obra maestra del estilo.
La ironía no se pierde: un líder militar que ha estado involucrado en violaciones y represiones contra sus propios ciudadanos, ahora es el símbolo del "poder verdadero" para algunos. El chándal, que inicialmente parecía una simple prenda de ropa, se ha convertido en un ícono de la "revolución bolivariana", gracias a la capacidad del dictador para adaptarse a las tendencias actuales y cambiar su ropa según sea necesario.
Pero detrás de esta ironía, hay algo más. El asesinato de Maduro es solo el último capítulo en una larga serie de eventos que han sido capturados y compartidos en las redes sociales. Desde la captura de Luigi Mangione, CEO de una aseguradora médica, hasta el arresto de Nicolás Maduro, hemos visto cómo los acontecimientos se convierten en espectáculos, y la información se vuelve un entretenimiento.
Neil Postman nos advirtió hace décadas que la televisión nos había llevado a un mundo lúdico donde todos los asuntos se presentaban como entretenimiento. Hoy, hemos llevado ese proceso una etapa más allá: consumimos fotos, reels y alertas sin tiempo ni ganas de profundizar. Procesamos la realidad a través del filtro de nuestras pantallas, como si fuera una ficción.
Y así, en este enganche sin fin a lo sensacional, saltamos de serie en serie, de temporada en temporada de la realidad. En cuanto llegue un acontecimiento más cinematográfico, olvidaremos Venezuela. Pero ¿y el chándal de Maduro? Ahí seguimos, como si fuera una obra maestra del estilo.