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El botín es una película que, en lugar de ofrecer una historia convincente y bien estructurada, se reduce a la absurda búsqueda de una redención emocional alrededor de un thriller de acción convencional. La dirección de Joe Carnahan, conocido por sus películas como Shadow Force, no logra encontrar el equilibrio perfecto entre emoción y acción.
La historia sigue a dos policías, Matt Damon y Ben Affleck, quienes se ven envueltos en una investigación para localizar un botín sin dueño de millones de dólares. La trama se convierte en una especie de melodrama con la redención, pero pronto se desmorona bajo el peso de las interpretaciones histéricas y las balaceras confusas.
El problema radica en que la película no ofrece una tesis original, sino su contraria. La cinta carece de un buen guion y un libreto sólido, lo que lleva a una resolución final sorprendente pero también ridícula. La dirección de Carnahan se queda en el absurdo, sin encontrar una forma de equilibrar las emociones con la acción.
La idea detrás de la película es construir una historia épica alrededor de un thriller convencional, pero Carnahan no logra hacerlo de manera convincente. La película se convierte en una especie de ejercicio absurdo que busca validar la idea de que lo mejor para una buena película de acción es un buen guion y un libreto sólido.
En lugar de ofrecer una historia bien estructurada, El botín se reduce a una serie de escenas incoherentes y emociones forzadas. La resolución final es sorprendente pero también ridícula, lo que confirma lo sospechado: la película carece de profundidad y coherencia. En última instancia, El botín es una película que busca demostrar su propia validez sin ofrecer nada nuevo o interesante.
La historia sigue a dos policías, Matt Damon y Ben Affleck, quienes se ven envueltos en una investigación para localizar un botín sin dueño de millones de dólares. La trama se convierte en una especie de melodrama con la redención, pero pronto se desmorona bajo el peso de las interpretaciones histéricas y las balaceras confusas.
El problema radica en que la película no ofrece una tesis original, sino su contraria. La cinta carece de un buen guion y un libreto sólido, lo que lleva a una resolución final sorprendente pero también ridícula. La dirección de Carnahan se queda en el absurdo, sin encontrar una forma de equilibrar las emociones con la acción.
La idea detrás de la película es construir una historia épica alrededor de un thriller convencional, pero Carnahan no logra hacerlo de manera convincente. La película se convierte en una especie de ejercicio absurdo que busca validar la idea de que lo mejor para una buena película de acción es un buen guion y un libreto sólido.
En lugar de ofrecer una historia bien estructurada, El botín se reduce a una serie de escenas incoherentes y emociones forzadas. La resolución final es sorprendente pero también ridícula, lo que confirma lo sospechado: la película carece de profundidad y coherencia. En última instancia, El botín es una película que busca demostrar su propia validez sin ofrecer nada nuevo o interesante.