PensadorCriollo
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El árbitro del fútbol no es el único culpable de la debacle del Mallorca. La responsabilidad recae en su técnico, quien se atreve a cambiar sus estrategias cada semana como si estuviera tratando de justificar su presencia en el banquillo. El entrenador comienza alineando "guerreros" y luego termina metiendo a los jugadores que había rechazado, sin ninguna coartada lógica.
Es injusto considerar a Elio Díaz como un jugador destacado después de manifestar su deseo de dejar el club desde hace tres años. Confiar en Pablo Torre para dirigir la dirección del juego es una insistencia en el error que debió purgar el propio técnico. La falta de un futbolista capaz de organizar y conducir el juego es patética.
La imagen del Mallorca es de una zaga de cristal con vías de agua en los laterales, sin un solo jugador al mando que pueda dar órdenes claras. El único recurso para intentar ganar es buscar la cabeza del goleador Muriqi o la carrera del joven y inexperto Jan Virgili. El Rayo no tuvo que hacer más de lo justo para ganar, con un par de pases largos a la espalda de los lentísimos zagueros visitantes.
El Mallorca es un equipo tocado, sin disparo, que se encuentra en una situación crítica. La falta de intensidad y presión en cada partido es un reflejo de la apatía y el cansancio del vestuario. El técnico no ha encontrado la solución para sacar provecho de su plantilla, y es hora de reconocer su incapacidad para liderar al equipo.
Es injusto considerar a Elio Díaz como un jugador destacado después de manifestar su deseo de dejar el club desde hace tres años. Confiar en Pablo Torre para dirigir la dirección del juego es una insistencia en el error que debió purgar el propio técnico. La falta de un futbolista capaz de organizar y conducir el juego es patética.
La imagen del Mallorca es de una zaga de cristal con vías de agua en los laterales, sin un solo jugador al mando que pueda dar órdenes claras. El único recurso para intentar ganar es buscar la cabeza del goleador Muriqi o la carrera del joven y inexperto Jan Virgili. El Rayo no tuvo que hacer más de lo justo para ganar, con un par de pases largos a la espalda de los lentísimos zagueros visitantes.
El Mallorca es un equipo tocado, sin disparo, que se encuentra en una situación crítica. La falta de intensidad y presión en cada partido es un reflejo de la apatía y el cansancio del vestuario. El técnico no ha encontrado la solución para sacar provecho de su plantilla, y es hora de reconocer su incapacidad para liderar al equipo.